Those who ignore philosophy are condemned to repeat it

Those who believe themselves to be exempt from philosphy influence are usually the slaves of some defunct philosopher


(Adaptación de Paul Thagard de las frases de Santayana y Keynes)
Mostrando entradas con la etiqueta Libros (reseñas y comentarios). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros (reseñas y comentarios). Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de marzo de 2016

Surfing Uncertainty. El último libro de Andy Clark







 













Clark presenta esta obra en términos que ya se encuentran en otros trabajos anteriores y que aluden al problema mente-cuerpo, la cuestión de la "materia pensante": cómo la materia da lugar al pensamiento (a la mente, en general). Según Clark, hoy tenemos, por fin, una pista clara para tratar de empezar a resolver el problema. Esa pista es la noción de predicción, cuyo significado resume así mediante la metáfora del surf: Para lidiar con rapidez y fluidez con un mundo incierto y ruidoso nuestros cerebros se han convertido en maestros de la predicción, y surfean las olas de la ruidosa y ambigua estimulación sensorial tratando de adelantarse a ellas p. xiv).



Entrevista con Andy Clark sobre su último libro (en inglés):

Andy Clark on Prediction, Action, and the Embodied Mind (BSP 126)

lunes, 28 de diciembre de 2015

LEARNED OPTIMISM (Seligman 1990, 2006)


Sobre algunos aspectos del libro de Martin E. P. Seligman Learned Optimism. How to Change Your Mind and Your Life (sigo la edición de bolsillo de 2006 en Vintage Books).

Tras un título que parece uno más en la moda -frecuentemente superficial- de la autoayuda se esconde un buen libro de divulgación psicológica que, en ocasiones, se convierte en una suerte de autobiografía intelectual. Desde el punto de vista del tema central de este blog destacaría dos aspectos:
1) El libro es un ejemplo de psicología "autónoma" con respecto a la neurociena (cf., el debate sobre la autonomía de la psicología en filosofía de la mente y de las ciencias cognitivas -Fodor, etc.).
2) Por otra parte, la concepción antropológica implícita contrasta con la que usualmente encontramos en neurociencia, debido al protagonismo que Seligman concede a la racionalidad, a la deliberación y a la decisión conscientes y, en general, al agente consciente -lo que no es infrecuente en la psicología de orientación terapeútica -con la exceptción del psicoanálisis supongo- (en este punto se puede también observar el contraste entre la psicología de orientación terapéutica y la de orientación investigadora).

La idea esencial del libro es que el optimismo puede ser aprendido, y que este aprendizaje presenta múltiples ventajas. Esta idea se sustenta, a su vez, sobre la conexión entre "estilo de explicación" y pesimismo/optimismo. Otras dos conexiones importantes en la contrucción del argumento general son la que se establece entre pesimismo y depresión, por una parte, y la conexión entre impotencia (helplessness) y pesimismo, por otra.
Hay que tener en cuenta que el optimismo del que nos habla el autor no es un optimismo ciego o absoluto, sino flexible y relativo. En este punto resultan muy interesantes las reflexiones sobre el realismo y sobre la función del pesimismo.

La palabra clave en el origen de toda la historia es "control". El modelo del la impotencia aprendida se basa en experimentos en los que perros y ratas, inicialmente, y después humanos, aprenden un tipo de conducta caracterizada por la pasividad.


El paso de los estudios sobre "helplessness" al desarrollo de una aplicación terapéutica pasa por la teoría de la atribución de Bernard Weiner, que el autor presenta en contraste con el punto de vista conductista (pgs. 40-41). La teoría de la atribución destaca la importancia de lo que la gente piensa [cf., animales] sobre las causas de sus éxitos y de sus fracasos. Frente al modelo estímulo-respuesta (refuerzo, etc.), la teoría de la atribución introduce como factor crítico un estado mental (consciente) interno.
Sin embargo, la teoría de Seligman se diferencia de la de Weiner en tres puntos importantes:
-No se refiere a una explicación concreta sino a un hábito, a un estilo de explicación.
-Además de las dos dimensiones señaladas por Weiner: permanencia y personalización, añade una tercera: penetración (pervasiveness).
-Se centra en la enfermedad mental y en la terapia.

Según Seligman el estilo de explicación de una persona es lo que señala si esa persona es optimista o pesimista. Considerando cada una de las tres dimensiones (los tres criterios para clasificar un estilo de explicación) la distinción entre optimista y pesimista se efectúa así:

1) Permanencia:
    Optimista: cree que las causas de los acontecimientos negativos son temporales y las de los acontecimientos positivos permanentes.
    Pesimista: cree que las causas de los acontecimientos negativos son permanentes y las de los positivos transitorias.
2) Penetración o Extensión:
    Mientras que el optimista explica sus fallos o los acontecimientos negativos en términos específicos, el pesimista lo hace en términos universales. En el caso de los acontecimientos positivos se tiende a dar la explicación inversa.

El autor sintetiza su punto de vista sobre estos dos factores en frases como estas: "Finding temporary and specific causes for misfortune is the art of hope" [...] "Finding permanent and universal causes for misfortune is the practice of despair" (p. 48).

3) Personalización:
    El autor da a este factor un tratamiento diferente, más cauteloso, ya que puede ser más fácilmente sobreestimado.
    El optimista tiene un estilo interno (internalización) con respecto a los acontecimiento positivos (él es la causa o el responsable) y externo (externalización) con respecto a los negativos. Al pesimista le ocurre lo contrario, tiende a culparse de los negativos y a atribuir a causas externas (otras personas, suerte, circunstancias, etc.) los positivos.


Una generalización relevante es enunciada así: "The symptoms of learned helplessness coud be produced in several ways. Defeat and failure generated the same symptoms as uncontrolable events" (p. 67).


Los últimos capítulos desarrollan la propuesta y los métodos concretos para crear los hábitos que conducen al optimismo flexible (a los que alude el subtítulo del libro). El autor adopta el modelo de Albert Ellis ABC (Adversity/Belief/Consequence). El primer paso consiste en identificar estos tres factores en nuestra propia vida [habría que tener en cuenta que, como los comentadores de Ellis han señalado, la realidad es mucho más compleja y no hay una conexión lineal y simple desde la A hasta la C]. Después el autor añadirá dos pasos más: D y E.
Una vez identificadas la creencias pesimistas hay dos maneras básicas de tratarlas: la disputa (disputation) y la distracción (sobre las técnicas de distracción y su utilidad ver pgs. 218 y 276-278).
Hay un paso previo que, entre otros puntos, me recuerda al Mindfulness: "Distancing": "It is esesential to realize that your beliefs are just that - beliefs" (219). "It is essential to stand back and suspend belief for a moment, to distance yourself..." (220).

Hay cuatro mecanismos o técnicas para "discutir" las propias creencias negativas o perjudiciales: evidencia, alternativas, implicaciones y utilidad (más un procedimiento complementario que es la externalización).

EVIDENCIA: "The most convincing way of disputing a negative belief is to show that it is factually incorrect" (221). Frecuentemente se salta a la peor conclusión sin una clara evidencia (o en ausencia de toda evidencia).
ALTERNATIVAS: Encuentro este mecanismo particularmente valioso. Los acontecimientos suelen tener varias causas y varias posibles explicaciones. Frecuentemente solo vemos la más negativa e ignoramos otras posibles causas y otras posibles explicaciones.
IMPLICACIONES: Incluso en el caso de que la causa/explicación desfavorable sea la correcta las implicaciones o consecuencias pueden ser menos catastróficas de lo que pensamos inicialmente: "Matter de important skill of decatastrophizing by examining the situation´s most realistic implications" (276).
UTILIDAD: Básicamente, se trata de si pensar en el problema en este momento tiene alguna utilidad. En muchas ocasiones es mejor interrumpir la rueda de los pensamientos. Lo que conduce a los tres mecanismos de
DISTRACCIÓN:
- Distracción física (más decir: "Stop").
- Programar un momento específico para pensar en el tema o problema más adelante.
- Escribir los pensamientos (y poder volver sobre lo escrito en otro momento más adecuado).



El siguiente extracto proporciona una buena síntesis del proceso: "If you could change those automatic explanations of advertity [pessimistic], you could change the consequent feelings to invigoration and good cheer.
   To do this, you practiced disputing your pessimistic beliefs [...]. Now, each time you face adversity listen carefully to your explanations of it. When they are pessimistic, actively dispute them. Use evidence, alternatives, implications, and usefulness as guideposts when you dispute yourself. Use distraction if necessary. Let this become the new habit to supplant the automatic pessimistic explanations you used to make all the time" (279-280).


La obra termina con unas reflexiones antropológicas, psicosociales, y morales.



ALGUNOS OTROS PUNTOS DE INTERÉS
-Las reflexiones sobre el "self-steem movement" en la Introducción a la segunda edición.

-El papel de la conciencia (y aspectos antropológicos).


-La distinción entre causas y correlaciones.


-Aspectos éticos e ideológicos.


-El relato de algunos experimentos.


-Su papel dentro de la "revolución cognitiva".




viernes, 3 de julio de 2015

Algunas Perspectivas sobre la relación entre Filosofía y Neurociencia (más psicología y ciencias cognitivas), la ciencia de la conciencia, etc.

[Obviamente, esta entrada está por desarrollar]

Esta entrada se basa principalmente en las respuestas ofrecidas por distintos filósofos a la pregunta "¿What is the proper role of philosophy in relation to psychology, artificial intelligence, and the neurosciences?" (en Mind and Consciousness. 5 questions, 2009), pero también incluiré otros temas de los que aparecen en el libro, como el de la ciencia de la conciencia.

Chalmers piensa, como es la tendencia predominante en el libro, que no hay una clara distinción. En cualquier ciencia, a partir de cierto punto se entra en un terreno filosófico, en la medida en que se entra en cuestiones de fundamento, y estas cuestiones pueden ser planteada tanto por científicos como por filósofos.
Dicho esto, Chalmers señala algunas tareas específicas:
-Clarificación conceptual. Por ejemplo, sobre las diferentes nociones de conciencia o de representación.
-Entender lo que se sigue de distintos resultados empíricos. El paso de los datos a la teoría frecuentemente implica algún razonamiento "cuasifilosófico".
-La filosofía puede ofrecer cierta guía a las ciencias, señalando determinadas vías de investigación prometedoras, presentando argumentos sobre la posibilidad de éxito de una determinada estrategia.
-Contribuciones directas.

Rosenthal.


J. Heil. "Scientific discourse incorporates a lot of bad philosphy" (p. 74).


Searle.

Noë.


martes, 17 de junio de 2014

Brain Culture

Sobre el libro Brain Culture. Neuroscience and Popular Media de Davi Johnson Thornton (2011).

Aunque repetitivo y algo disperso el libro presenta un enfoque interesante, el de la retórica del cerebro o el cerebro retórico (The rhetorical brain) desde una perspectiva foucaultiana. Hablar del cerebro retórico significa, por una parte, que no es solamente o simplemente algo natural, sino que las formas en que conocemos, comprendemos y visualizamos el cerebro son históricas y contingentes, dependiendo de las gramáticas y las tecnologías disponibles; y por otra parte, que este cerebro (mediado) tiene efectos sociales (fuerza retórica) (p. 4). La autora llega a afirmar que la propia ontología del cerebro está condicionada social, política y económicamente (p. 5).
Una buena parte del interés de la obra radica en cómo el cerebro retórico se inserta en un marco cultural más amplio, senalando distintas interacciones e influencias entre el cerebro retórico y otras dimensiones culturales, y así entre neurociencia y sociedad.

lunes, 6 de enero de 2014

LA MENTE PREDICTIVA (Y LA ENERGÍA LIBRE) (Hohwy, Friston, etc.)

Entrada en construcción.

LA MINIMIZACIÓN DEL ERROR DE PREDICCIÓN ES EL OBJETIVO PRIMORDIAL DEL CEREBRO EN LA PERCEPCIÓN:

-"The basic idea is then that minimizing prediction error is the perceiveing brain´s overarching objective and the principle by which perception must be understood" (Hohwy 2013, p. 46).


NUESTRA RELACIÓN CON EL MUNDO A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS:

- Lo que finalmente percibimos no es el resultado de un proceso de abajo-arriba a partir de la estimulación de los órganos receptores. Este proceso y esta información, proporcionan más bien el feedback para el modelo interno del mundo: "The rich representation of wordly states of affairs is signalled in the top-down predictions of sensory input, maintained by the perceptual hierarchy in the brain" (Hohwy 2013, p. 47)


SOBRE EL CONTENIDO Y EL ASPECTO FENOMENOLÓGICO DE LA PERCEPCIÓN:

-"...[P]erceptual content is the predictions of the currently best hypothesis about the world [...] The hypothesis with the least error is the hypothesis that determines perceptual content [...] and this hypothesis is internal, subject to statistical decisions and expectations of noise, and different from the hidden causes" (Hohwy, p. 48).
-"The predictions of the internal models that determine perception are supervised by the world" (Hohwy, p. 49).

sábado, 9 de noviembre de 2013

NEUROPHILOSOPHY (1986)

Si bien me he referido al clásico de Patricia S. Churchland en varias entradas ya iba siendo hora de dedicarle su propio título (aunque no será ni una reseña ni un resumen) (además, es muy oportuno en relación con la entrada anterior sobre "la doctrina de la neurona").

Un punto importante (posiblemente fundamental) del libro es la idea constantemente subrayada de que los estudios sobre el cerebro permiten, alientan, o conducen a una rectificación -o cuando menos a una puesta en cuestión- de supuestos convencionales o de sentido común. En otras palabras, la neurociencia pone de manifiesto la insuficiencia y la desviación de la psicología de sentido común o popular (folk psychology) (y desmonta una variedad de prejuicios filosóficos (174). Sobre la noción de folk psychology v., 295 y ss., especialmente, 299). [Básicamente es la misma "intuición" articulada en otros trabajos en términos de materialismo eliminativo (v., sobre esta cuestión, el capítulo 7: "Reduction and the Mind-Body Problem"). Es posible encontrar numerosas objeciones en la literatura, pero una crítica concisa y certera se encuentra en Bennett y Hacker (2003)].

Por ejemplo, "neurological studies are also vitally important for their capacity to unsettle and unseat our intuitions, oru assumptions, and our commonplace verities about the nature of what the mind does" (234, v., tb., 173-174, 180, 182, 222, 282, etc.). Intuiciones y supuestos que incluyen la naturaleza de la conciencia (209, 227, 229, 321), la unidad del yo (self) (178, 182, 223), la racionalidad (223), la voluntad (173) etc.

Mi sugerencia es que Churchland mezcla, al menos en ocasiones, varias cuestiones o varios planos. Creo que la expresión "folk psychology" (psicología popular o del sentido común) tiene dos dimensiones y un corolario que deben ser distinguidos: llamaré a estas dimensiones psicológica y mental, y consideraremos también un tercer aspecto como corolario filosófico.

Por una parte, es cierto que las interpretaciones y los supuestos populares son corregidos por la ciencia en numerosos campos, así como que existe una distancia (un "décalage") entre el pensamiento popular -por así decirlo- y la investigación científica. Es a esta dimensión a la que llamo psicológica, aunque incluye también el conocimiento neurocientífico. Básicamente es una cuestión de formación y de adecuada transmisión de la investigación científica a la población. Sin embargo, hay que tener en cuenta una cuestión adicional, y es que esta transmisión no es neutral sino que es al mismo tiempo la trasmisión de ciertos sesgos y/o de cierta ideología (sobre este punto v., Luc Ferry, y el artículo de Racine y otros "fMRI in the public eye").Desde otro punto de vista, también entraría aquí la cuestión de cómo la neurociencia afecta o debe afectar a la psicología científica.

La segunda dimensión, a la que he llamado mental, hace referencia a la vida mental como tal, a la experiencia vivida por el sujeto y a unas estructuras fundamentales de la interacción humana (pienso en aquella frase de Fodor sobre que el mundo se vendría abajo. V., tb., la posición de Moya en su manual de filosofía de la mente).
Es interesante tener en cuenta que la introspección puede llevar a error tanto en la primera como en la segunda dimensión.
No quiero decir que estas dos dimensiones sean independientes, obviamente; sino que son diferentes. Tomemos un ejemplo: la unidad del yo. Una cosa es que tengamos un conocimiento adecuado sobre el funcionamiento del cerebro y sobre la psicología científica correspondiente, y otra que una cierta unidad del yo deje de ser una característica de la mente humana normal (incluso si el conocimiento científico influye en -y presumiblemente mejora- la interpretación que hacemos de nosotros mismos en el plano personal).
En cuanto al aspecto filosófico. También aquí cabría hablar de una "filosofía popular" (ingenua o superficial), que tendría una conexión fluida con la psicología popular. Por otra parte, con respecto a la filosofía no-ingenua se plantea la cuestión de sus relaciones con la neurociencia, por un lado, y con (las estructuras fundamentales de) la experiencia vivida (sin necesidad de limitarse a un enfoque fenomenológico), por otro.
[Aquí habría que considerar varios tipos de relaciones:
Filosofía popular-folk-psychology
Filosofía popular-neurociencia
Filosofía popular/filosofía no-ingenua
Filosofía no-ingenua/neurociencia (este sería el núcleo de la neurofilosofía en sentido estricto) ].

Otro ejemplo interesante de la actitud de Churchland es este: "Part of the explanation for the enduring presence of homuncular preconceptions is that folk psychology still provides the basic theoretical framework within wich we think about complex behavior. Unless werned off, it insinuates itself into out thinking about brain function as well. In a relaxed mood, we still understand perceiving, thinking, control, and so forth, on model of a self -a clever self- that does the perceiving and thinking and controling. It takes effort to remember that the cleverness of a brain is explained not by the cleverness of a self but by the funtioning of the neural machine that is the brain" (406-407).


DE FREUD A LAS ENDORFINAS: De cómo la psicología "seria" penetra en la psicología popular*.




[Nota sobre la noción de "psicología popular", también llamada "psicología del sentido común" (ambas como traducción de la expresión inglesa folk psychology).
Creo que se pueden distinguir dos aspectos: uno profundo y otro superficial. El profundo tendría una dimensión antropológica, mientras que el superficial tendría más que ver con la "popularización" de la psicología científica o teorica -en un sentido claramente distinto del que encontramos en los Churchland cuando hablan de la psicología popular como teoría-]

miércoles, 8 de mayo de 2013

Reducccionismo y Neurociencia

[V., otras entradas sobre realización múltiple, teoría de la identidad, y funcionalismo]


El tema implica la relación entre varias cuestiones: reduccionismo, identidad, el papel de la investigación empírica. Así, se suele aceptar que la reducción de la mente al cerebro equivale a la identidad (ontológica) de tipos (la reducción justificaría la identidad). Por otra parte, la reducción ha sido entendida como una hipótesis científica/empírica [Cf., sin embargo, la idea de que lo único que puede establecerse empíricamente es la correlación, no la identidad], por tanto, la neurociencia es clave con respecto a la reducción mente-cerebro.
John Bickle ha distinguido tres etapas en la relación reduccionismo-neurociencia y se ha planteado dos preguntas con respecto a esta relación:
1) La primera pregunta plantea hasta qué punto los defensores del reduccionsimo han apelado a la neurociencia para sostener sus propuestas.
2) La segunda inquiere en qué medida la práctica neurocientífica ha influido en la noción filosófica de reducción.

La primera etapa es la de la reducción traslativa (translational reduction) que se produjo en el contexto filosófico del análisis lingüístico -con influencias del positivismo lógico-. El autor sitúa aquí la propuesta de traducción neutral de Smart (traducir los predicados psicológicos a un lengua ontológicamente neutral). Este proyecto fue criticado por Feyerabend entre otros, y abandonado por los propios proponentes.




*Comparar el reduccionismo con lo que desde la perspectiva enactiva se ha llamado "circulación hermenéutica" (hermeneutic circulation) (v., Enaction, 2010).

sábado, 24 de septiembre de 2011

Mechanisms and Psychological Explanation. C. Wright and W. Bechtel

 DRAFT (to be proofread)

Handbook of the Philosophy of Science. Volume 12: Philosophy of Psychology. 2006. Pp. 31-79.

A crucial element in psychological explanation is mechanism. Psychologists tend to explain psychological phenomena in terms of mechanisms, but what is a mechanism? This is a (substantive) philosophical issue, point out the autors.

They start with Descartes. In his view the natural world (including human body) was mechanical. He understood this concept according to the mechanisms developed in the 17th century, wich "producted their effects because of the shape, motion, and contact between their parts" (p. 32). The inmaterial mind was excluded from mechanistic explanation.

Although philosophers such as La Mettrie argued for extending the mechanistic view to the human mind, the anti-mechanistic attitude was predominat. The authors illustrate this [tendency] whih the controversy about localizationism at the beginning of the 19th century. They appears to relate the localizationsim proposed by Gall (phrenology) to mechanistic explanation as opposed to holistic interpretations (Flourens). Likewise they connect, "at root", associatinist psychology to the mechanistic tradition ("since it constures thinking as involving an assembling or associating of ideas", p. 36) , in this approach the brain would be a mechanism for making associations [but thas appears to point to the holistic conception!].
I do not see how the mechanical (or mechanistic?) explanation relate to the link between a type of mental process and the brain. Broca was localizationist while Wernicke was rather associationit. In the 20th century a very holistic and anti-localiztionist conception was initialy adopted, but from 19860s-1980s researchers embraced a localization perspective what [able they] lead to a  substantial ("dramatic")  progress in identifyng areas of specialization in the brain.

This historic overview is not very useful in my opinion, the substantial content begins when the authors address contemporary conceptions of mechanism (p. 44), whose main feature may be the idea of "composite hierarchical systems" (p. 45), and, specially, when they dicuss the mechanistic explanation, in terms of ontic explanation (Salmon 1984), as an alternative to the traditional deductive-nomological model (p. 47 ss.) (see the connection to laws).  They provide a number of interesting examples of mechanistic explanations both theoretical and in particular sciences. Relevant aspects in these examples are the role of casual relations, and the emphasis in how the phenomenon (or the explanandum) is produced. To point out certain regularities is not enough to count as explanation (p. 48).
However, the authors are critical regarding the distintion ontic/epistemic (allegedly parallel to the distinction mechanistic/deductive-nomological), that they consider naive (p. 50). In this sentse they point out in particular the problem to take the ontic conception literally (ibid.).

viernes, 17 de junio de 2011

CIENCIA Y FILOSOFÍA SEGÚN M. BENNETT Y P. HACKER (Más DENNETT Y SEARLE)

 La Naturaleza de la Conciencia es la traducción del libro Neuroscience and Philosophy (2007), obra basada en el encuentro organizado en 2004 por la American Philosophical Association a raíz de la publicación en 2003 de la considerablemente más voluminosa Philosophical Foundation of Neuroscience de M. Bennett y P. Hacker. En esta obra los autores pretendían realizar un examen crítico de las bases conceptuales de la neurociencia, con una actitud que podríamos calificar de escéptica. Incluyeron allí dos apéncices, uno dedicado a Dennett y otro a Searle. En La Naturaleza de la Conciencia encontramos algunos fragmentos esenciales de ese título, con las réplicas de Dennett y Searle y la contrarréplica de los autores, así como una introducción y una revisión final de Daniel Robinson.

Comenzando por el debate sobre la relación entre (neuro)ciencia y filosofía, los autores (Bennett y Hacker) establecen desde el principio lo que pretende ser una nítida distinción (no lo será tanto desde la perspectiva de los críticos): la filosofía se ocupa de los conceptos, en este caso de "los fundamentos conceptuales de la neurociencia cognitiva, unos fundamentos constituidos por las relaciones estructurales [también hablan de "relaciones lógicas"] entre los conceptos psicológicos que intervienen en las investigaciones sobre las bases neurales de las capacidades cognitivas, afectivas y volitivas humanas" (15). Este es de hecho el objetivo de PFN (Philosophical Foundation of Neuroscience). [Por cierto, ¿la filosofía no se ocupa de los términos y conceptos usados en neurociencia que no sean psicológicos?]. Es decir, estaríamos en la perspectiva de la filosofía como análisis lingüístico o lógico-lingüístico (Hacker es filósofo oxoniense especialista en Wittgenstein). Así, el campo propio de la filosofía es el circunscrito a:
-Las preguntas conceptuales (por ejemplo, "las que se refieren a los conceptos de mente o memoria, pensamiento o imaginación") (16).
-La descripcion de las relaciones lógicas entre conceptos ("como las que existen entre los conceptos de percepción y sensación, o los de conciencia y autoconciencia") (16).
-El examen de las relaciones estructurales entre los distintos campos conceptuales ("por ejemplo, entre el psicológico y el neural, o el mental y el conductista") (16).

Ninguna de estas cuestiones se resuelve mediante investigación empírica alguna. No solamente todas estas tareas son ajenas a la investigación empírica, sino también al ámbito de la verdad, son tareas conceptuales previas. Mientras que la verdad y la falsedad son materias empíricas, y por tanto científicas, la filosofía no tiene por objetivo determinar lo que es verdad, sino lo que tiene y lo que no tiene sentido (v. 16).Verdad/falsedad y sentido/sin sentido marcan la distinción y las respectivas competencias entre neurociencia y filosofía.
El diagnóstico inicial de los autores parece correcto. Es importante distinguir entre las preguntas empíricas y las preguntas conceptuales, o -podríamos añadir- filosóficas en un sentido más amplio, por otra parte, el hecho de que la neurociencia cognitiva se desarrolle entre dos campos como la neurofisiología y la psicología origina dificultades conceptuales. Sin embrgo, el emblema de estas dificultades, la falacia mereológica, que se constituye en el eje de los reproches que los autores dirigen a los textos neurocientíficos, es controvertido. Básicamente, esta falacia consiste en la atribución de propiedades psicológicas al cerebro. La posición de los autores, en concordancia con su criterio de demarcación entre ciencia y filosofía, es que tal atribución no es ni verdadera ni falsa, sino incoherente o sin sentido (v. 18) [Más adelante distinguen entre verdad conceptual y verdad empírica -v. 161-].
La réplica de Daniel Dennett implica una concepción diferente de la filosofía y de sus relaciones con la ciencia. [Sin embargo, v., en 95 algunos puntos en los que coincide con los autores]. Esta réplica se organiza en torno a tres cuestiones fundamentales:
1) La relación entre lo conceptual y lo empírico (el criterio de demarcación).
2) El tema de la normatividad.
3) La interpretación de la frase de Wittgenstein usada inicialmente por los autores para apoyar la tesis de la FM.

Comenzando por este último punto, la posición de Dennett puede parecer incongruente, y realmente su exposición resulta algo desorientadora, ya que inicialmente se atribuye la autoría de tal tesis siendo su principal objetivo aquí la crítica de la misma. "Estoy familiarizado con el argumento, pues fui el primero en invocarlo" (98) afirma y se remonta hasta 1969 cuando propuso la distincion entre el nivel personal de explicación y el nivel subpersonal: "Yo siento dolor; no mi cerebro" (96) -distinción que retomó en 1980 para criticar la posición de Searle con respecto a la Habitación China-, [¿Es el nivel personal el único pertinente cuando se trata de mentes y acciones humanas? (v. 99)] .
A pesar de la posible confusión a la que me he referido, queda claro que el argumento FM que Dennett propuso en 1969, y mantuvo posteriormente, no es el mismo que Hacker y Bennett proponen (Dennett se refiere fundamentalmente al primero, como principal responsable de la parte filosófica de PFN), por lo que en esta medida es dudoso que pueda atribuirse la autoría de éste último, aunque sí podría contemplarse como un antecedente.
La frase de Wittgenstein cuya interpretación marca la diferencia entre la concepción de Hacker y la de Dennett es la siguiente: "En resumen, Sólo de un ser humano y de lo que se parece a un ser humano (se comporta como tal) se puede decir: tiene sensaciones; ve, es ciego; oye, es sordo; es consciente o inconsciente" (citado en 99).
El punto crítico es la interpretación de la expresión "se parece a un ser humano (se comporta como tal", ya que mientras que Hacker realiza una interpretación restrictiva, Dennett lo hace de manera flexible, y de hecho es consciente de que extiende  la posición de Wittgenstein al afirmar: "veo que los robots y los ordenadores que juegan al ajedrez y, sí, el cerebro y sus partes realmente "se parecen a un ser humano viviente (porque se comportan como un ser humano)" y esa semejanza es suficiente para garantizar un uso ajustado del vocabulario psicológico para caracterizar esa conducta" (99).  La semejanza es, pues, el criterio esencial. Así, mientras que Hacker considera que atribuir predicados psicológicos al cerebro y/o sus partes carece de sentido, Dennett estima que tal atribución queda legitimada por el criterio de semejanza. Sin embargo, apelar al parecido o a la semejanza entre A y B no es por sí solo suficiente para demostrar que los predicados atribuibles a un fenómeno o entidad A sean igualmente atribuibles a un fenómeno o entidad B. Y efectivamente Dennett acepta implícitamente esta objeción cuando reconoce que la atribución de predicados psicológicos a la persona no es lo mismo que la atribución de predicados psicológicos al cerebro y/o sus partes, ya que disntigue entre la forma "cabal" de atribución y la forma "atenuada" (v. 110). Atribuir al cerebro de forma "cabal" una creencia, por ejemplo, eso sí sería una falacia. Por otra parte, la atribución atenuada ("algo así como creer") implica una importante alteración del concepto atribuido, pongamos una creencia, que aparecen así despojada "de muchas de sus connotaciones cotidianas (sobre la responsabilidad y la comprensión, por ejemplo)" (110).
Robison considera que la atribución de una especie atenuada de creencia (incluyendo la estrategia de Dennett al diferenciar entre el nivel personal y el subpersonal) sigue incurriendo en una forma de falacia mereológica, e incluso sugiere que la idea de creencia atenuada parece poco inteligible (236).
De esta manera nos encontramos con la noción de "actitud intencional" que Dennett ya ha propuesto en otros lugares. Básicamente, Dennett defiende la atribución de cierta (atenuada)
 intencionalidad para caracterizar tanto sistemas no humanos (desde un ordenador hasta un termonstato) como partes del cerebro. La hipótesis subyacente tiene toda la apariencia de una falacia [da por hecho que las partes de un conjunto tienen las mismas propiedades -o su parte alicuota-, que el conjunto] : podemos descomponer cualquiera de estos sistemas en elementos más simples que poseerían una parte de las características del conjunto, así un persona se puede descomponer en subpersonas, "sistemas agentivos que tienen parte de la capacidad de una persona" (111). A su vez, estos "homúnculos" pueden subdividirse en agentes más simples, así hasta llegar a elementos tan estúpidos que puedan ser sustituidos por una máquina. Este argumento, burdamente mecanicista, podría en todo caso aplicarse a las personas y a sus componentes, si bien no queda claro cuáles son los criterios que determinan esos tipos de subpersonas: ¿en qué sentido un riñon o un párpado, una neurona o una célula de la piel podrían ser sistemas agentivos que tienen parte de la capacidad de una persona o son ya agentes demasiado estúpidos? Por ota parte, el argumento de la descomposición es completamente irrelevante para justificar la atribución de protointencionalidad a las máquinas.
Otro argumento en favor de la atribución de una "semi-demi-proto-cuasi-seudo intencionalidad a las partes de una persona" [v., también la discusión sobre lo que son partes de la persona -concepto de persona- o del cuerpo de una persona] es que permite "ver cómo se obtienen maravillodas personas completas a partir de estúpidas partes mecánicas" (111-112). Es posible que la atribución pueda hacer más fácil una aproximación trivial, quizás literalmente infantil, al fenónemo, pero desde un punto de vista científico y filosófico no veo cómo esa atribución puede aclarar o facilitar la comprensión o la explicación de cómo, por ejemplo, los elementos del sistema nervioso en sus diferentes niveles hacen posibles las funciones mentales superioros que caracterizan a las personas. Más bien se trataría de un antropomorfismo ingenuo que podría ser desorientador.



ANEXO: CIENCIA Y FILOSOFÍA EN QUINE.
¿Qué significa que una consecuencia del abandono de los dos dogmas del empirismo es el desdibujamiento de la frontera entre la metafísica especulativa y la ciencia natural? ("Dos dogmas del empirismo" en Desde un punto de vista lógico, v. 61)
Los dos dogmas, recordémoslo, son:
-La creencia en la distinción fundamental entre verdades análiticas y verdades sintéticas. Mientras que éstas se basan en los hechos, las primeras se basan en la significación (y son independientes de los hechos).
-El reductivismo, que se basa en la teoría verificacionista de la significación, y consiste en: "la creencia en que todo enunciado que tenga sentido es equivalente a alguna construcción lógica basada en términos que refieren a la experiencia inmediata" (61).

Ambos dogmas se conectan del siguiente modo: "mientras se considere significante en general hablar de la confirmación o la invalidación de un enunciado, parece también significante hablar de un tipo límite de enunciados que resultan confirmados vacuamente, ipso facto, ocurra lo que ocurra; esos enunciados son analíticos" (85). En realidad, esta conexión es indirecta ya que lo que directamente implica es que hay algo (enunciados) sintético porque hay algo (enunciados) que puede ser confirmado o invalidado en términos de la teoría verificacionista -apelando a la experiencia-. Si se acepta, además, la premisa de que en la verdad de cualquier enunciado hay un componente lingüístico y un componente factual, se deduce que hay enunciados cuya verdad no depende de los hechos (componente facual) sino del lenguaje (lo que Hacker, quizás, llamaría componente conceptual o cuestión conceptual). Pero Quine arguye:
1º) Que esa dualidad (componente factual y componente lingüístico) no se encuentra en los enunciados, sino en la ciencia tomada como un todo ("la unidad de significación empírica es el todo de la ciencia", 86).
2º) Que en lo que se refiere al fundamento epistemológico, la ciencia no se diferencia sustancialmente de otros conocimientos o de otras creencias. La diferencia es de grado, y específicamente de grado de eficacia, es decir, una diferencia en términos pragmáticos. Concretamente el criterio pragmático apela a la eficacia para el manejo de la experiencia sensible, lo que, por otra parte no es demasiado concreto:
 "En cuanto a fundamento epistemológico, los objetos físicos y los dioses difieren sólo en grado, no en esencia. Ambas suertes de entidades integran nuestras concepciones sómo como elementos de cultura. El mito de los objetos físicos es epistemlógicamente superior a muchos otros mitos porque ha probado ser más eficaz que ellos como procedimiento para elaborar una estructura manejable en el flujo de la experiencia" (89).
Ambos argumentos confluyen en la subdeterminación empírica de la ciencia, la idea de que la ciencia (incluyendo las ciencias naturales, las humanas y las formales) está subdeterminada por la experiencia, o lo que es lo mismo, que el reductivismo es falso.

Retomando la pregunta inicial de esta sección encuentro en Quine las siguientes indicaciones:
- Si la creencia en dioses homéricos y la creencia en los objetos, las fuerzas y las partículas de la física (e incluso en las entidades abstractas que sustentan las matemáticas) son igualmente creencias en mitos, cuya única diferencia es pragmática y de grado, en la misma lista cabría poner cualquier filosofía. La diferencia entre ciencia y filosofía sería por tanto pragmática y de grado. Esto me lleva a pensar que podría distinguirse en distintas clases de filosofía o distintas teorías filosóficas en función del criterio pragmático (eficacia en el manejo de la experiencia). En cierto modo es como si la ciencia hubiera bajado de su pedestal, y de ahí la proximidad con la filosofía (que por otra parte, no se reduce necesariamente a "metafísica especulativa").
- Carnap habría reconocido que la posibilidad de establecer criterios distintos para las cuestiones ontológicas y para las hipótesis científicas dependía de la distinción entre lo analítico y lo sintético. Así, en la medida en que Quine socaba esta última distinción está socabando también la primera (la diferencia entre cuestiones ontológicas e hipótesis científicas) (v. 90).
Este planteamiento afecta a nuestra pregunta inicial solamente si se identifica ´"metafísica especulativa" con "cuestiones ontológicas", y "cuestiones ontológicas" con verdades analíticas.

El argumento de Quine es aplicable a la polémica en torno a la concepción de la filosofía en el libro de Hacker y Bennett en tanto que para Quine la diferencia entre cuestiones de hecho y cuestiones conceptuales es solo de grado.

*[V., también Quine en la sección sobre Naturalismo]

jueves, 24 de marzo de 2011

REPRESENTACIÓN Y REALIDAD. Putnam (Gedisa 1995)

De entrada este es un libro curioso ya que se plantea explícitamente como una autocrítica (no es muy habitual y probablemente debería ser más frecuente). Me imagino la reacción de algunos funcionalistas cuando vieran que uno de sus principales promotores se pasaba -hasta cierto punto- al enemigo. Fundamentalmente porque el funcionalismo, lo que aquí equivale a la teoría computacional de la mente, no responde a la pregunta sobre la naturaleza de los estados mentales (v. 23-14). Sin embargo, como veremos en seguida Putnam conserva algunos elementos relevantes de su posición anterior (la separación entre la materia y la función).

Pueden ser útiles para contextualizarlo algunas de las referencias al funcionalismo. El autor lo caracteriza de una forma sucinta:
"Quizás haya sido yo el primer filósofo que propuso la tesis de que el ordenador es el modelo apropiado para la mente. Le di el nombre de funcionalismo a mi versión de esta teoría y con ese nombre se convirtió en la concepción dominante -o en la ortodoxia- como dicen algunos- dentro de la filosofía contemporánea de la mente" (13).
Un aspecto crucial de esta concepción es la separación de los estados mentales y su correspondiente "soporte" físico: "Para el funcionalista, los estados mentales no pueden ser meros estados físico-químicos, aunque sean emergentes de y ocurran en estados físico-químicos" (15). De hecho, la concepción computacional de la mente surgió como reacción contra una determinada manera de ver la relación entre el qué y el cómo, es decir entre la materia (en nuestro caso, el cerebro y, en su conjunto, el cuerpo) y la función. Es decir, que "es incorrecto creer que la esencia de nuestra mente es nuestro hardware" (15). Esta tesis fundamental del funcionalismo es uno de los elementos que el autor no ha abandonado, y le sigue pareciendo tan verdadera e importante como antes. Desde este punto de vista, podemos inferir que las consecuencias respecto a la neurobiología siguen siendo las mismas: ni el cerebro, ni consecuentemente el estudio del cerebro, son verdaderamente relevantes.

Lo nuevo, por tanto, es que los estados mentales tampoco pueden ser estados computacionales, y quizás sería más claro decir que la crítica de Putman va dirigida contra la teoría computacional de la mente que decir que critica el funcionalimso, ya que sigue defendiendo uno de los ejes del funcionalismo conocido como la tesis de la múltiple realizabilidad.

Otra descripción del funcionalismo que encontraremos aquí: es el programa de convertir la psicología popular de creencias-deseos en una teoría científica mediante su identificación con la psicología computacional.

La Introducción termina con algunas reflexiones no demasiado claras, como el siguiente fragmento que, al menos por el momento, encuentro particularmente enigmático: "Si somos correctamente descritos por una infinidad de "descripciones funcionales" lógicamente posibles, ¿qué significa la afirmación de que una de ellas tiene la propiedad (irreconocible) de ser nuestra descripción "normativa? ¿Acaso describe, de algún modo, nuestra verdadera esencia? (19).

SIGNIFICADO Y MENTALISMO
Aparte de las primeras referencias a la noción de intencionalidad, recojo de las páginas iniciales de este capítulo dos ideas:
  1. Que la versión del mundo del sentido común es tan legítima como la versión científica (23). Por esta razón, las cosas (por ejemplo, las cosas rojas) pueden tener algo en común en una descripción del mundo (la del sentido común o de la psicología popular) y en otra (la de la ciencia), no tenerlo. El blanco de Putnam es esta última descripción: "Me propongo negar que exista alguna "naturaleza" científicamente describible común a todos los casos de "referencia" en general, de "significado" en general o de "intencionalidad" en general"" (23), y lo mismo vale para todos los casos de un estado intencional determinado. [Todos los subrayados son míos].
  2. Que el propósito general del autor cornierne a una reformulación de los supuestos filosóficos tradicionales sobre la Apariencia y la Realidad. Esto supone abandonar la idea de que lo real es lo que subyace o se encuentra detrás de las apariencias, y el rechazo de "la idea de que todo fenómeno tiene una "naturaleza última" de la que debemos dar una explicación (metafísicamente reductiva)"  (25)
Fodor y Chomsky
La concepción Fodor-Chomsky [F-Ch] (no entro aquí en cómo se articulan las visiones de ambos autores) que Putnam pretende desmontar se describe sintéticamente como la tesis de que "existen representaciones semánticas en la mente/cerebro que son innatas y universales, y que todos nuestros conceptos se pueden descomponer en esas representaciones semánticas" (27). [V., también, la noción de modularidad].
El autor señala dos hechos sobre la concepción de la mente que estarían influyendo en la posición F-Ch:
-La vigencia del modelo de explicación del funcionamiento de la mente en términos de creencias y deseos.
-La tendencia creciente (hoy -2011- seguramente no tanto) a considerar el cerebro como un ordenador y nuestros estados psicológicos como el software de ese ordenador.
Sobre estos dos fenómenos escribe "es comprensible que muchos pensadores se sientan atraídos por un programa que une la psicología de creencias-deseos con los modelos computacionales. El deseo de unir estas cosas también se apoderó de mí durante mucho tiempo" (29). Desde este punto de vista, el objetivo de Fodor (y anteriormente también de Putnam) sería convertir la psicología popular de creencias-deseos en una teoría científica mediante su identificación con la psicología computacional. La manera en que el funcionalismo de Putnam se propuso realizar esta operación fue postulando que los deseos y creencias eran estados funcionales del cerebro.

[Una cuestión de terminología: la lingua mentis]

Hasta aquí parece claro que la principal presa de Putnam es la noción de "representaciones semánticas innatas", lo que al parecer coincide con lo que llama mentalismo (cuya versión más reciente considera que una psicología de creencias-deseos ideal sería isomorfa al menos a una parte de la descripción computacional de lo que ocurre en el cerebro). Otra pista para entender el término "mentalismo" es que se trata de una manifestación de una tendencia histórica más general, la de "pensar que los conceptos son entidades en la mente o el cerebro científicamente descriptibles ("psicológicamente reales")" (30).

Tres razones por las cuales el mentalismo no puede ser correcto
El autor ofrece tres argumentos para rechazar el mentalismo: el significado es holístico, el significado es, en parte, una noción normativa, y nuestros conceptos dependen de nuestro entorno físico y social (de un modo evolutivamente imprevisible).

1) El holismo del significado.
Se trata en primer lugar de una crítica a la concepción positivista del significado, si bien hasta los positivistas lógicos acabaron por reconocer que no es posible contrastar una teoría enunciado por enunciado [de todos modos, se advierte en el análisis de Putnam la filiación positivista de la cuestión -por ejemplo con respecto a la relación entre significado y contrastación empírica -con la observación o con los enunciados observables-]. La visión holista proviene de Quine, para quien los enunciados, tanto científicos como cotidianos, se somenten a la prueba de la experiencia como un todo y aisladamente o uno por uno. Una consecuencia relevante es que, según Quine, la mayoría de los términos no pueden ser definidos, en la medida en que definir implique fijar algo definitivamente: "algo que aprehende absolutamente el significado del término" (33). Esto supone que las definiciones y las creencias son revisables. La definición de un fenómeno o un concepto científico puede ser revisada en la media en que se produzcan nuevos avances o desarrollos que afecten a tal fenómeno o a tal concepto. Desde este punto de vista, los significados son entidades históricas como las personas o las naciones, es decir, que mantienen una forma de identidad a lo largo del tiempo que no es una esencia. [Sobre la cuestión del carácter revisable cf. Chalmers. Según Putnam, tanto la idea de definición definitiva como la noción de verdad analítica -no revisable- no tienen validez en la práctica científica].

2. El significado es, en parte, una noción normativa.
Se retoma aquí la cuestión de la identidad del significado a través del tiempo. Fodor habla de una "inteligencia general" que quedaría fuera de la modularidad que postula para la mente. Nociones como las de "idéntico significado" (o idéntica referencia) son tan complejas como la de inteligencia general. La identidad del significado concierne a una teoría de la sinonimia, y una teoría tal debe resolver problemas de interpretación. Ante la evolución de la definición de un término o la evolución del significado de un concepto, por ejemplo "electrón" o "planta" ¿en qué momento se rompe con la identidad? ¿qué grado o qué número de cambios puede soportar la sinonimia? Putnam habla de decisiones, decisiones sobre el significado, sobre la referencia o sobre la relación entre programas de investigación.
Esta es la cuestión de la identidad como continuidad en el tiempo que apareció en la sección anterior con respecto a las definiciones. La continuidad contrasta con la idea de incomensurabilidad: "no decimos que las personas vivían en un mundo distinto hace 200 años o que sus conceptos y nuestros conceptos son inconmensurables" (38) (la referencia explícita es aquí Khun, v., nota 16). Las decisiones que acabo de mencionar tienen que ver con la distinción entre caridad razonable y caridad excesiva a la hora de interpretar la sinonimia y la continuidad de los significados o de las referencias a través del tiempo. Pues bien, estas decisiones sobre la inerpretación poseen un carácter normativo, dependen de juicios normativos (v. 39). Estas decisiones sobre la identidad y la diferencia de significado no son compatibles con el modelo computacional de las representaciones mentales.

3. Nuestros conceptos dependen de nuestro entorno físico y social (de un modo que la evolución no podía prever).

Según el autor, el mentalismo ("el complicado mentalismo del MIT) queda refutado si tomamos estos tres argumentos en su conjunto (no por separado). A continuación se propone desarrollar un punto esencial de lo que se ha llamado externalismo: el carácter interactivo del significado, con lo que quiere decir que el significado no depende solo de lo que hay en nuestras cabezas sino también del entorno y de nuestra interacción con él.

EL SIGNIFICADO, LA GENTE Y EL MUNDO
El capítulo comienza con la presentación de lo que podríamos llamar "la imagen aristotélica del significado" (IAS) -esta convención es mía y no se encuentra en el texto-, que aunque se remonta a Aristóteles, se puede reconocer, aunque sea en diferentes versiones, en John Stuart Mill, Russell, Frege, y Carnap. Según esta concepción el significado de una palabra, o de un signo en general, depende de su asociación con un concepto en la mente. Putnam también señala que el concepto determina la referencia (a lo que se refiere el signo). En lugar del término "concepto" el autor va a utlizar la expresión "representación mental", ya que en esta concepción los conceptos son entendidos como representaciones mentales.
La IAS (a veces el autor parece referirse también a ella como "mentalismo", aunque no queda muy claro si se quiere circunscribir solo a la concepción Fodor/Chomsky) implica tres supuestos que Putnam considera falsos:
"1) Toda palabra usada se asocia en la mente del hablante con una representación mental [(es decir, con lo que al principio hemos llamado concepto)].
2) Dos palabras son sinónimos (tienen el mismo significado) sólo en el caso de que se asocien con la misma representación mental en los hablantes que usan esas palabras".
3) La representación mental determina a qué se refiere la palabra, en el caso de que se refiera a algo" (46). Debemos tener en cuenta que las representaciones mentales de Fodor/Chomsky no poseen esta propiedad (aunque sí implican que las mismas representaciones tienen siempre los mismo contenidos aunque varíe el entorno).
El autor se propone demostrar que no pueden existir cosas tales como "representaciones mentales" que satisfagan al mismo tiempo estas tres condiciones (46).

El postulado 3 (que la representación mental determina la referencia) choca con el hecho de que la referencia (la asociación entre una representación y una referencia) en todos los sistemas conocidos de representación es contingente y puede cambiar en tanto que cambien el mundo o la cultura.

La división de la labor lingüística.
En esta sección el autor retoma algunos de sus argumentos más conocidos, como el experimento mental de la Tierra Gemela.
En primer lugar, Putnam argumenta que una misma representación mental (o dos representaciones mentales idénticas) podría tener dos referencias distintas, y que la representación mental no es suficiente para determinar la referencia. Creo que puede merecer la pena detenerse en el ejemplo ofrecido por el autor, sobre todo por que suscita algunas dudas interesantes.
Tal y como yo lo veo la idea es la siguiente:
Tenemos dos personas, una es Inglesa (I) y otra estadounidense (E), usando una misma palabra, en este caso "robin", que en inglés americano significa "petirrojo" y en inglés británico significa "tordo". Estas dos personas tienen la misma representación mental, interpreto que Putnam quiere decir que ambas están pensando en un petirrojo cuando usan la palabra "robin" (lo que implicaría que el británico está cometiendo un error), pero a pesar de darse una misma representación mental la referencia es distinta, ya que cuando I dice "robin" la referencia de la palabra es una especie distinta (o sea, tordo).
Las dudas a las que aludía son:
¿Tienen sentido decir que dos personas se encuentran en un estado mental -específico y no genérico- idéntico? Creo que el propio Putnam respondería negativamente, pero entonces qué valor tiene su argumentación a partir de la premisa de que dos personas están en un mismo estado mental ("en todos los aspectos semánticamente relevantes de la palabra "petirrojo"", 50). Del mismo modo tampoco tienen sentido decir que "cada parámetro neurológico relacionado con la manera de fijar la comprensión de la palabra "petirrojo" puede tener el mismo valor en su cerebro y en el de Jones".
[Relacionar con la propia tesis del autor, v. 132, 135 y 158-9]


Si la referencia es un fenómeno social entonces la referencia no está determinada por la representación mental. Del mismo modo, si el significado de un signo es público el significado no puede depender de la asociación del signo con un concepto/representación en la mente ("El objetivo del mentalismo es identificar una palabra con algo que se halla en el cerebro/mente de todo hablante que sabe usar la palabra; en consecuencia, es una limitación para las teorías mentalistas el hecho de que el significado sea público", 51).

miércoles, 19 de enero de 2011

ESTAR AHÍ. Andy Clark

Una vez más conviene hacer alguna consideración previa sobre la traducción, en este caso sobre el término clave "embedded". Así el autor del Prólogo y supervisor de la traducción usa la expresión  "mente embebida" a partir del inglés "embedded mind" en su título "Prólogo: Del conexionismo a la mente corpórea y embebida". Otro ejemplo lo encontramos en la página 45 cuando se habla de "agentes corpóreos y embebidos en un medio". La expresión elegida creo que suena bastante rara y quizás demasiado literal, aunque pueda ser legítima. Personalmente prefiero traducir "embedded" por "arraigada/o" (o tal vez "incrustado").

Por otra parte, y dejando el tema de la traducción, hay una cuestión terminológico-conceptual que me suele provocar cierta desazón, y es el uso del término "computación" y de sus derivados. Es uno de los vocablos técnicos más repetidos a lo largo del libro, sin embargo el propio autor reconoce que es una idea mal comprendida incluso en la ciencia cognitiva más actual (212). Su propuesta es una noción de computación amplia: "una opción atractiva es aceptar una noción de computación que esté estrechamente vinculada con la idea de procesamiento automatizado de información y con la transformación mecanicista de representaciones [...], la tarea de demostrar que un sistema es computacional se reduce a demostrar que lleva a cabo transformaciones y procesamientos automatizados de información" (212).
Aparte del peligro de convertirse en una concepción demasiado laxa (como el mismo Clark apunta), parece depender de dos nociones que a su vez son discutibles e imprecisas: la de procesamiento de información y la de representación. Desde este punto de vista, la constante, pero no argumentada, vinculación entre computación y representación encuentra cierto fundamento, en cuanto que la computación implicaría la representación, sin embargo no se ve cómo puede ocurrir lo inverso: es decir, la representación no tiene porqué implicar la computación, por lo que la constante conexión "computación y representación" no está finalmente justificada.

jueves, 13 de enero de 2011

Sobre El Error de Descartes de A. Damasio

Este enlace remite a un texto publicado en la revista Thémata en 2004. Recoge el contenido de una comunicación que presenté en 2002 en el V Congreso de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica celebrado en la universidad de Santiago de Compostela.

- Yo y mi cuerpo

viernes, 7 de enero de 2011

Y EL CEREBRO CREO AL HOMBRE. Antonio Damasio

INTRODUCCIÓN
Estas Navidades hemos podido ver el último libro de Damasio (junto a otros con la palabra "cerebro" o una imagen del mismo en la portada) en los expositores de novedades de las librerías, cerca de los más exitosos best-sellers y de los autores recientemente premiados. Incluso lo he visto en un escaparate flanqueado por una obra dedicada a la princesa Leticia y a escasos centímetros por otra sobre "la roja", la selección española de futbol.
Aunque el protagonismo de la palabra mágica ("cerebro") en la tapa de la edición española se debe a la habilidad del editor, ésta ya aparece en el subtítulo original (Constructing the Conscious Brain), -no así en el título de la obra: Self Comes to Mind- [En cuanto al subtítulo, qué editor -o autor con visión comercial- puede renunciar a la palabra mágica, aún a costa de incurrir en la falacia mereológica? Es decir, en atribuir al cerebro lo que corresponde a la persona: no hay cerebros conscientes, sino personas conscientes]. La verdad es que la traducción podría resultar decepcionante, quizás algo así como "El sí mismo llega a la mente"*, en cualquier caso claramente más aburrido que Y el Cerebro Creó al Hombre. Lo que unido a la ilustración de la portada hace de la versión española una propuesta mucho más interesante -por lo que significa- que la de la aséptica edición en inglés. Sobre todo desde el punto de vista del marketing y de la sociología de la ciencia, por la función asignada al cerebro y el contraste con la perspectiva bíblica expresada en la ilustración que recrea un episodio del Génesis.
[*Curiosamente en el último capítulo del libro encontramos una sección que reproduce el título (Self comes to mind) y que el traductor ha vertido como "Y el sí mismo se adueñó de la mente", y por tanto debería haber sido el título de la obra].
Esta visión (la que revela la portada) que cierta divulgación de la neurociencia tiende a trasmitir se manifiesta en diferentes ámbitos, por ejemplo, aparece explícitamente formulada para el dominio moral en el siguiente texto perteneciente a la obra Neurocultura de Francisco Mora: "O bien la moral, el razonamiento moral, y los valores morales y las normas que derivan de ellos vienen emanados de Dios, y, por tanto, la teología tiene casi todo que decir, o bien derivan de los seres humanos mismos, de su proceso evolutivo, de su propia biología en intercambio constante con sus culturas, y por tanto, de su propio cerebro y sus códigos de funcionamiento" (66).
Como he mencionado antes la transformación que sufre la portada del libro de Damasio en la edición española es particularmente interesante, ya que sintetiza a la perfección dos falacias carterísticas de esa visión en la interfaz neurosciencia/sociedad a la que antes me he referido:
-La primera falacia aparece plenamente desplegada en el texto de F. Mora y es el falso dilema: "o teología o biología".
-Ya puestos también voy a bautizar la segunda, quizás podríamos llamarla falacia neuroantropológica, y estaría transparentemente reflejada en el título adoptado: Y el cerebro creó al hombre. 
(Sin embargo, la expresión "neuroantropología" (quizás como una disciplina neurofilosófica) podría igualmente aplicarse en un sentido restringido a una tarea legítima, como sería el estudio de las implicaciones y las consecuencias antropológicas -en sentido filosófico- de los avances neurocientíficos, así como de sus límites -diferente de la neuroantropológía que concierne a la antropología como ciencia social-).

RESEÑAS
Voy a considerar tres de las reseñas que han aparecido, seleccionadas por el prestigio de sus respectivos autores, dos de ellos filósofos, el otro neurobiólogo: Ned Block, J. Bickle, y Steven Rose.

WHAT WAS I THINKING?
Ned Block.
Publicado en la edición electrónica de The New York Times el 26 de Noviembre de 2010 (la versión en papel apareció el día 28 del mismo mes en el Sunday Book Review).
   Block parte de la distinción entre conciencia fenoménica (phenomenal consciousness) y auto-conciencia o conciencia de sí (self-consciousness). La crítica fundamental de Block se dirige a la tesis según la cual la primera depende de la segunda, lo que llevaría a Damasio a negar la presencia de conciencia fenoménica si no hay conciencia de sí. El autor trata de refutar esta posición apelando a determinada evidencia empírica:
-(1) Experimentos realizados con pacientes en estado vegetativo parecen mostrar que éstos tienen conciencia fenoménica aunque no haya signos conductuales de la misma. Los experimentos se han producido en dos fases, en la primera se pidió al paciente que se imaginara dos situaciones, en una que se imaginara a sí mismo jugando al tenis, y en la otra que se imaginara pasando de una habitación a otra en su casa. Cuando se midió mediante técnicas de neuroimagen (técnicas de imaginería cerebral) la correspondiente activación de su cerebro en cada caso se observó que era la misma que en el grupo de control formado por personas normalmente conscientes (se activaban áreas motoras para el tenis y áreas espaciales para el moverse por las habitaciones). En la segunda fase un paciente en el mismo estado fue capaz de usar la alternativa tenis/desplazamiento para responder si o no a varias preguntas simples [v., cómo el mismo sistema ha sido utilizado en sujetos normales en un experimento realizado en UCL].
- (2) En segundo lugar, los sueños muestran que es posible tener una vívida conciencia fenoménica incluso en ausencia de conciencia de sí.
- (3) En tercer lugar, hay pruebas de que la experiencia consciente puede ser lo opuesto a la actividad auto-reflexiva (antithetical to self-reflective activity). El neurocientífico Rafi Malach presentó a distintos sujetos un conjunto de imágenes pidiéndolos que juzgaran su respuesta emociona como positiva, negativa o neutra (se supone que se trata de una actividad que pone en juego la self-consciousness). Después presentó las mismas imágenes a otros sujetos y les pidió que categorizaran rápidamente las imágenes, por ejemplo animales o no. El investigador observó que en este caso, a pesar de estar viendo las imágenes conscientemente, los circutios cerebrales implicados en la tarea anterior se encontraban inhibidos. Además, los sujetos calificaron su grado de autoconciencia (self-awareness) como alto en el primer caso y como bajo en el segundo. La conclusión de Malach citada por Block nos facilitará la contraargumentación: los resultados son coherentes con nuestra sensación de pérdida de autoconciencia cuando realizamos un acción que implique una importante dimensión sensorio-motora.

Para evaluar estas objeciones tenemos que considerar varios aspectos, por ejemplo:
-¿Mantiene Damasio que la auto-conciencia (self-consciousness) es una condición necesaria de la conciencia fenoménica (phenomenal consciousness)?
-En caso afirmativo ¿Demuestran los argumentos de Block que Damasio está equivocado?

   Comencemos con el argumento (1). El propio Damasio considera el mismo caso (la investigación de Adrian Owen) (248-249) y estima que "los hallazgos son compatibles sin lugar a dudas con la presencia de un proceso mental y aun con una mínima presencia de sí mismo", pero concluye que, a pesar de su relevancia, no prueban la presencia de comunicación consciente ni son una justificación razonable para abandonar la definición de conciencia que ha propuesto (249).

NOTA TERMINOLÓGICA
   -Self-consciousness: racionalidad, reflexión, conocimiento y vigilia. Probablemente algo específicamente humano. Block se refiere a él como "inflate self", es decir, un sí mismo inflado o hinchado.
   -Phenomenal consciousness: what it is like to experience. Algo que podemos compartir con muchos animales.




SELF COMES TO MIND: CONSTRUCTING THE CONSCIOUS BRAIN BY ANTONIO DAMASIO- REVIEW
Steven Rose
The Guardian, 12 de Febrero de 2011.


MAPPING THE MIND TO THE BODY- A LITTLE TOO EASILY
John Bickle
New Scientist, 29 de Noviembre de 2010


EL CONTENIDO DE LA OBRA
En esta obra Damasio prosigue la empresa presentada en sus anteriores libros, especialmente con relación a La Sensación de lo que Ocurre donde orientó explicitamente su atención hacia la conciencia. El autor retoma por tanto, sistematizándolas, algunas de sus ideas fundamentales: el papel de la noción de homeostasis, la relación entre cuerpo, mente y cerebro, y su teoría de las emociones, así como la distinción entre proto-sí mismo y sí mismo autobiográfico. Entre las novedades encontramos una teoría de la memoria y el desarrollo de la noción de sentimientos primordiales.
La hipótesis central del presente trabajo, dicho de una forma simplificada que tendremos oportunidad de refinar, es que la conciencia es el resultado de la aparicíón del sí mismo en una mente preexistente. Es decir, que la conciencia necesita de estos dos elementos para darse: el sí mismo y la mente. Lo que obviamente implica distinguir entre mente y conciencia, o en otros términos que "Los estados mentales no necesitan de la subjetividad  para existir" (38). Dicho también de una manera elemental en palabras de Damasio: "La mente consciente se inicia cuando el sí mismo cobra sentido en ella, cuando los cerebros añaden el proceso que es el sí mismo a la mezcla que es la mente" (47).

Un buen resumen de las principales tesis acerca de la mete lo encontramos en la página 171: "El cuerpo vivo es el lugar central. La regulación de la vida es la necesidad y la motivación. La elaboración de mapas cerebrales es el activador, el motor que transforma la regulación ordinaria de la vida en una regulación dotada de una mente y, con el tiempo, la transforma en una regulación consciente".

LA PERSPECTIVA INTEGRADA
Damasio propone combinar cuatro enfoques, tres de ellos responsables de la mayor parte de los avances en neurobiología de la conciencia hasta ahora: el punto de vista de la primera persona, el punto de vista compotarmental, y el estudio del cerebro. A estos habría que añadir un cuarto punto de vista que es el de la historia evolutiva (básicamente el de la biología evolutiva). Según el autor esto supone un cambio radical en la manera de contar la historia de la conciencia de manera que la aparición de la mente y del sí mismo quede vinculada a la historia de las modificaciones graduales de los sistemas nerviosos. Pero esta perspectiva exige también como hipótesis de trabajo la equivalencia  entre los acontecimientos mentales y "ciertos tipos" de acontecimientos cerebrales (38-39). En la terminología de Damasio esto significa que "algunos patrones neurales son simultáneamente imágenes mentales" (38).
Observemos que esta perspectiva implica la adopción de una posición gradualista, dentro de la cual, sin embargo, será posible apreciar aquello que es específicamente humano (v., la entrada sobre continuidad y salto, singularidad versus naturalismo).
El autor trata de matizar, ya de entrada, su efoque, tratando de evitar que se interprete como un reduccionismo simplista: por una parte, no se trata de reducir lo complejo a lo simple, sino, a efectos de la explicación, de lo muy complejo a lo que también es complejo, aunque ligeramente menos. Y sobre todo, la equivalencia que propone no supone despreciar el papel de la cultura, ni del esfuerzo individual, en la formación de la mente. [Desde el punto de vista filosófico, la equivalencia mente-cerebro en Damasio deja abiertas varias cuestiones, como por ejemplo hasta qué punto la mencionada equivalencia, que en ocasiones aparece expresamente como identidad, puede ser entendida en términos de fisicalismo no reductivo].


EL CONCEPTO DE CONCIENCIA
Tenemos aquí un ejemplo de algo que no puede ser resuelto mediante la mera investigación empírica.
Para empezar, voy a recoger algunas referencias y citas textuales:
- Ya en la primera página encontramos la conexión entre conciencia y sujeto/yo:  la conciencia es presentada como "la portentosa aptitud que consiste en tener una mente provista de un propietario, de un protagonista para la propia existencia, un sujeto que inspecciona el mundo por dentro y a su alrededor, un agente que en apariencia está listo para la acción.
La conciencia no es simplemente un estado de vigilia" (19).
-En el mismo capìtulo se dice que la conciencia es una mente dotada de subjetividad (20).
- En la misma línea: "Cuando falta la conciencia, el punto de vista personal queda suspendido, privado de sus funciones; sin conciencia no hay conocimiento de nuestra existencia ni tampoco conocimiento de que exista algo más" (21).
-"Estas primeras páginas del libro no dejan lugar a duda acerca del hecho de que al abordar la conciencia doy preferencia a ese sentimiento de ser que es el sí mismo. Creo que la conciencia surge cuando a un proceso básico de la mente se le añade un proceso como el sí mismo. Cuando este mismo proceso de identidad subjetiva no se da en la mente, ésta no es, estrictamente hablando, consciente" (25-26). Más abajo veremos que el sí mismo (the self), que es un proceso y no una cosa, puede ser considerado desde dos puntos de vista, a lo que el autor se refiere como la noción dual de identidad subjetiva (27).
   La primera sección del capítulo 7 está expresamente dedicada a la noción de conciencia: "la conciencia es un estado mental en el que se tiene conocimiento de la propia existencia y de la existencia del entorno [...] El estado mental consciente se experimenta en la exclusiva perspectiva de cada uno de nuestros organismos en primera persona" (241). Además, los estados mentales conscientes siempre tienen contenidos (tratan de algo), ponen de manifiesto propiedades cualitativas, contienen unobligado aspecto de sensación sentida, y sólo son posibles cuando estamos despiertos (una excepción parcial sería el sueño).
Damasio distingue explícitamente entre conciencia y vigilia, conciencia y mente, y conciencia y "conocimiento de uno mismo" o "fuero interno". La vigilia sería un requisito para la conciencia.
En este punto es importante tener en cuenta que para Damasio "las funciones mentales complejas no son monolíticas y pueden analizarse, literalmente, por partes" (246), lo que viene a significar que es posible hablar de grados de conciencia. El grado standard de conciencia normal supone tres condiciones: estar despierto, tener una mente operativa, y tener un sentido de ser uno mismo el protagonista de la experiencia, aunque sea de una manera muy tenue (v. 246-247).

MENTE Y CEREBRO
Hemos visto cómo la equivalencia mente-cerebro fue introducida al comienzo de la obra, y la última sección del libro está expresamente dedicada a este tema tema (pp. 467).
Aunque Damasio estima que esta equivalencia no es una certeza sino una hipótesis útil, se pregunta "¿en qué otro lugar podrían estar los mapas-imágenes sino en el interior de un sector particular del cerebro?" (p. 469). Damasio subraya en particular el papel de la neurobiología evolutiva para confirmar la hipótesis.
Una de las observaciones que el autor hace en este contexto me resulta algo enigmática: "Pero aun con la ayuda de las técnicas más avanzadas de la neurociencia de que hoy disponemos, es poco probable que lleguemos a describir toda la gama de fenómenos neurales asociados a un estado mental" (p. 470). ¿Se refiere a cierto grado de realización múltiple en términos de plasticidad neural o más bien quiere decir que la descripción neural de un estado mental es extremadamente compleja? La primera opción podría representar un problema con respecto a la equivalencia o identidad mente-cerebro (aunque podría depender de si ésta se interpreta en términos de tipo o de instancia -token-).
También encontramos una observación acerca de la causalidad descendente mente-cerebro: "Toda vez que los estados neurales y los estados mentales son considerados como las dos caras de un mismo proceso [...], la causalidad descendente es menos problema" (p. 470). No creo que sea así, por el contrario lo que ocurre es que si M y C son diferentes descripciones del mismo proceso, y en este sentido son ontológicamente idénticos, cualquier relación de causalidad resulta dificilmente inteligible (quizás lo que el autor sugiere es que la noción de causalidad debería ser abandonada -cf. el tratamiento de una questión similar en Spinoza-). Aparte de su utilidad divulgadora, la metáfora de Jano no parece ser aquí de gran ayuda.
Tampoco resulta muy inteligible uno de los principales argumentos. Una gran parte del argumento se dirige a mantener que los patrones neurales son tan físicos como las células, los objetos del mundo y las acciones, pero eso no estaba en dicusión (se suponía concedido por el escéptico). El problema no es que las pautas de actividad momentánea de las neuronas no sean físicas (p. 471).

SOBRE LA TRADUCCIÓN
Aunque en general la traducción es buena, hay, como suele ocurrir, algunos errores -o aspectos mejorables-. Por ejemplo, en la sección "Nota sobre la hipótesis de la equivalencia cerebro-mente" del Apéndice el traductor ha querido evitar la repetición de la expresión "in physical terms", tal y como aparece en el original, dando lugar a un párrafo poco claro (p. 468). Damasio afirma que los que se oponen a la identidad de estados físicos y estados mentales aceptan que se hable de lo neuronal  ("del mapa neuronal que corresponde a un objeto físico") "en términos físicos", pero no que se hable "en términos físicos" de lo mental -en concreto, del "patrón mental" correspondiente- ("it would be absurd to discuss the respective mental pattern in physical terms" -p. 315-). [El traductor podría haber entendido que "en términos físicos" se refiere al verbo "corresponder" cuando en realidad complementa el verbo "hablar" ("to dicuss"). Esto explicaría la desaparición en la traducción de la palabra "respective"]. 


ENLACE A la reseña de Searle:
The Mystery of Consciousness Continues