En este debate participan tres importantes autores británicos: Margaret Boden (ciencias cognitivas), Barry C. Smith (filosofía) y Steven Rose (neurobiología).
Neuroscience vs. Philosophy
Este blog es un instrumento informal de estudio y reflexión. Incluye también temática psicológica y de ciencias cognitivas en general. Normalmente varias de sus entradas estarán en construcción y la mayoría permanecerán abiertas (©Alfredo Martínez Sánchez)
Those who ignore philosophy are condemned to repeat it
Those who believe themselves to be exempt from philosphy influence are usually the slaves of some defunct philosopher
(Adaptación de Paul Thagard de las frases de Santayana y Keynes)
Those who believe themselves to be exempt from philosphy influence are usually the slaves of some defunct philosopher
(Adaptación de Paul Thagard de las frases de Santayana y Keynes)
Mostrando entradas con la etiqueta Neuroimágenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Neuroimágenes. Mostrar todas las entradas
lunes, 28 de mayo de 2018
martes, 17 de junio de 2014
Brain Culture
Sobre el libro Brain Culture. Neuroscience and Popular Media de Davi Johnson Thornton (2011).
Aunque repetitivo y algo disperso el libro presenta un enfoque interesante, el de la retórica del cerebro o el cerebro retórico (The rhetorical brain) desde una perspectiva foucaultiana. Hablar del cerebro retórico significa, por una parte, que no es solamente o simplemente algo natural, sino que las formas en que conocemos, comprendemos y visualizamos el cerebro son históricas y contingentes, dependiendo de las gramáticas y las tecnologías disponibles; y por otra parte, que este cerebro (mediado) tiene efectos sociales (fuerza retórica) (p. 4). La autora llega a afirmar que la propia ontología del cerebro está condicionada social, política y económicamente (p. 5).
Una buena parte del interés de la obra radica en cómo el cerebro retórico se inserta en un marco cultural más amplio, senalando distintas interacciones e influencias entre el cerebro retórico y otras dimensiones culturales, y así entre neurociencia y sociedad.
Aunque repetitivo y algo disperso el libro presenta un enfoque interesante, el de la retórica del cerebro o el cerebro retórico (The rhetorical brain) desde una perspectiva foucaultiana. Hablar del cerebro retórico significa, por una parte, que no es solamente o simplemente algo natural, sino que las formas en que conocemos, comprendemos y visualizamos el cerebro son históricas y contingentes, dependiendo de las gramáticas y las tecnologías disponibles; y por otra parte, que este cerebro (mediado) tiene efectos sociales (fuerza retórica) (p. 4). La autora llega a afirmar que la propia ontología del cerebro está condicionada social, política y económicamente (p. 5).
Una buena parte del interés de la obra radica en cómo el cerebro retórico se inserta en un marco cultural más amplio, senalando distintas interacciones e influencias entre el cerebro retórico y otras dimensiones culturales, y así entre neurociencia y sociedad.
domingo, 24 de noviembre de 2013
ESTADÍSTICA (Y NEUROCIENCIA)
- La relevancia de la estadística en neurociencia se manifiesta en varios frentes. Por ejemplo, podemos distinguir uno, más tradicional -por así decirlo-, vinculado a la neuropsicología, y otro más reciente, vinculado al "boom" de las neuroimágenes y, en particular, de la resonancia magnética funcional.
Respecto al primero, encontramos, entre otras, las cuestiones estadísticas sobre los estudios de caso único (V., statistical methods for single-case studies -profesor John R. Crawford)
Respecto al segundo, tomemos como referencias destacadas el artículo sobre el salmón muerto (BENNETT, C., MILLER, M., y WOLFORD, G. (2009), «Neural correlates of interspecies perspective taking in the post-mortem Atlantic salmon: An argument for multiple comparisons correction». Neuroimage, 47, S125), y VUL, E., HARRIS, Ch., WINKIELMAN, P., y PASHLER, H. (2009), «Puzzling High Correlations in fMRI Studies of Emotion, Personality, and Social Cognition».
- En su excelente contribución a la divulgación científica Sebastian Seung (Connectome, 2012) ha llamado la atención sobre el significado de ciertas correlaciones entre variables cerebrales y variables conductuales que pueden desembocar en interpretaciones tan llamativas como infundadas (v., especialmente, pgs. 19-21 y 24-25) [Hay traducción al castellano (2013)].
Por ejemplo:
Pg. 19: "Over the years, researchers have studied many more autistic children and found that their heads and brains are indeed enlarged on average -especially the frontal lobe, which contains many areas involved in social and linguistic behaviors.
Does that mean brain size is a good predictor for autism? [...] we sjould be careful not to commit a common statistical fallacy concerning rare categories".
"The media often report studies claiming accurate prediction of rare mental disorders based on some property of the brain. These studies usually turn out to be less impressive than they sound, because the accuracy is only for a balanced population, not for the general population".
Pgs. 20 y 21: "As with autism, the best-documented abnormality of the schizophrenic brain has to do with size. MRI studies have shown that overall brain volume is reduced on average by just few percentage points" (además, se han encontrado diferencias específicas en algunas partes del sistema ventricular y en el hipocampo) [...]. While it´s encouraging that some sort of difference has been found, this correlation is as weak as the statistical findinds reported for autism. Diagnosing schizophrenia for an individual using brain size, hippocampal size, or ventricular volume would be widly inaccurate".
Seung también señala la diferencia entre encontrar cierta correlación y establecer una relación de causalidad (una cuestión bien conocida en filosofía de la neurociencia y en filosofía de la mente).
- Uno de los aspectos más interesantes de la relación entre estadística y neurociencia lo encontramos actualmente en los intentos de comprender el funcionamiento del cerebro aplicando la probabilidad o la inferencia bayesianas (a partir del matemático británico Thomas Bayes), en particular en las nociones de "mente predictiva" (Jakob Hohwy) y "energía libre" (Karl Friston). Véase la entrada específica que dedico a esta orientación neurocientífica y filosófica.
- Ahora, algunas curiosidades sobre el fascinante mundo de la probabilidad (adaptado de Peter Donnelly en "TED talks").
1) Si lanzamos una moneda al aire un número de veces ¿qué patrón tardará más en salir de media "cara-cruz-cara" o "cara-cruz-cruz (o no habrá diferencia)?
2) Supongamos que tenemos un test para determinar si una persona tiene una enfermedad X con una fialibilidad del 99% (el test es correcto en el 99% de las ocasiones). Tomemos una persona al azar y apliquémosle el test. Supongamos que el resultado es positivo (el test dice que la persona tiene la enfermedad) ¿Qué probabilidad hay de que la persona tenga efectivamente la enfermedad?
[Para poder responder necesitaríamos saber, en primer lugar, si es una enfermedad frecuente o rara -y en qué medida lo es-. Si no lo he entendido mal, hay que barajar dos probabilidades distintas: una, la referida al test, y otra, la referidad a la población. Es decir, si aplicamos el test a 100 personas que SÍ tengan la enfermedad, el test debería acertar -es una media- en 99 ocasiones (dando, por tanto, un falso negativo: en una ocasión de cada 100 el test fallaría), pero ¿qué ocurre si aplicamos el test a un grupo de 100 personas que incluye enfermos y sanos en una proporción indeterminada?].
Siguiendo con las curiosidades (aunque solo indirectamente relacionadas con el tema de esta entrada, existe una conexión) Nassim Nicholas Taleb cuenta una anécdota sobre el uso de muestras y las conclusiones sobre los resultados. En este caso, la muestra corresponde a las células de un paciente (pero sospecho que incluso si todas las células del paciente pudieran ser estudiadas, y no solo un porcentaje, la falacia lógica persistiría):
"En cierta ocasión, me quedé desconcertado cuando un médico me dijo, después de un chequeo rutinario para detectar la posible existencia de un cancer: "Deje de preocuparse, tenemos pruebas de que está curado", "¿Por qué?", pregunté, "Hay pruebas de que no tiene ningún cáncer", fue su respuesta. "¿Cómo lo sabe?", pregunté. El médico contextó: "El escanograma es negativo". ¡Y aún sigue haciéndose llamar médico!" (El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable, p. 105).
[El autor llama a este razonamiento la "falacia del viaje de ida y vuelta", con lo que quiere decir que hay una tendencia a considerar que determinadas afirmaciones aparentemente semejantes son intercambiables cuando en realidad no lo son. Por ejemplo, la falacia consiste en confundir la afirmación "casi todos los terroristas son musulmanes" con la afirmación "casi todos los musulmanes son terroristas". El error lógico afecta a la estimación de la probabilidad, en este caso a la probabilidad de que un musulman sea terrorista.
El ejemplo del médico corresponde a la que en lógica es conocida como "falacia ad ignorantiam"].
-Ver las referencias a este tema en Dehaene (2014) Consciousness and the Brain.
Respecto al primero, encontramos, entre otras, las cuestiones estadísticas sobre los estudios de caso único (V., statistical methods for single-case studies -profesor John R. Crawford)
Respecto al segundo, tomemos como referencias destacadas el artículo sobre el salmón muerto (BENNETT, C., MILLER, M., y WOLFORD, G. (2009), «Neural correlates of interspecies perspective taking in the post-mortem Atlantic salmon: An argument for multiple comparisons correction». Neuroimage, 47, S125), y VUL, E., HARRIS, Ch., WINKIELMAN, P., y PASHLER, H. (2009), «Puzzling High Correlations in fMRI Studies of Emotion, Personality, and Social Cognition».
Perspectives on Psychological Science, 3, 274-290.
[He hecho alguna referencia puntual en mi artículo "Neuroimágenes y Neurodisciplinas" (Daimon 2013)].
Los trabajos de William R. Uttal pueden ser también una referencia interesante, aunque controvertida.
[He hecho alguna referencia puntual en mi artículo "Neuroimágenes y Neurodisciplinas" (Daimon 2013)].
Los trabajos de William R. Uttal pueden ser también una referencia interesante, aunque controvertida.
- En su excelente contribución a la divulgación científica Sebastian Seung (Connectome, 2012) ha llamado la atención sobre el significado de ciertas correlaciones entre variables cerebrales y variables conductuales que pueden desembocar en interpretaciones tan llamativas como infundadas (v., especialmente, pgs. 19-21 y 24-25) [Hay traducción al castellano (2013)].
Por ejemplo:
Pg. 19: "Over the years, researchers have studied many more autistic children and found that their heads and brains are indeed enlarged on average -especially the frontal lobe, which contains many areas involved in social and linguistic behaviors.
Does that mean brain size is a good predictor for autism? [...] we sjould be careful not to commit a common statistical fallacy concerning rare categories".
"The media often report studies claiming accurate prediction of rare mental disorders based on some property of the brain. These studies usually turn out to be less impressive than they sound, because the accuracy is only for a balanced population, not for the general population".
Pgs. 20 y 21: "As with autism, the best-documented abnormality of the schizophrenic brain has to do with size. MRI studies have shown that overall brain volume is reduced on average by just few percentage points" (además, se han encontrado diferencias específicas en algunas partes del sistema ventricular y en el hipocampo) [...]. While it´s encouraging that some sort of difference has been found, this correlation is as weak as the statistical findinds reported for autism. Diagnosing schizophrenia for an individual using brain size, hippocampal size, or ventricular volume would be widly inaccurate".
Seung también señala la diferencia entre encontrar cierta correlación y establecer una relación de causalidad (una cuestión bien conocida en filosofía de la neurociencia y en filosofía de la mente).
- Uno de los aspectos más interesantes de la relación entre estadística y neurociencia lo encontramos actualmente en los intentos de comprender el funcionamiento del cerebro aplicando la probabilidad o la inferencia bayesianas (a partir del matemático británico Thomas Bayes), en particular en las nociones de "mente predictiva" (Jakob Hohwy) y "energía libre" (Karl Friston). Véase la entrada específica que dedico a esta orientación neurocientífica y filosófica.
- Ahora, algunas curiosidades sobre el fascinante mundo de la probabilidad (adaptado de Peter Donnelly en "TED talks").
1) Si lanzamos una moneda al aire un número de veces ¿qué patrón tardará más en salir de media "cara-cruz-cara" o "cara-cruz-cruz (o no habrá diferencia)?
2) Supongamos que tenemos un test para determinar si una persona tiene una enfermedad X con una fialibilidad del 99% (el test es correcto en el 99% de las ocasiones). Tomemos una persona al azar y apliquémosle el test. Supongamos que el resultado es positivo (el test dice que la persona tiene la enfermedad) ¿Qué probabilidad hay de que la persona tenga efectivamente la enfermedad?
[Para poder responder necesitaríamos saber, en primer lugar, si es una enfermedad frecuente o rara -y en qué medida lo es-. Si no lo he entendido mal, hay que barajar dos probabilidades distintas: una, la referida al test, y otra, la referidad a la población. Es decir, si aplicamos el test a 100 personas que SÍ tengan la enfermedad, el test debería acertar -es una media- en 99 ocasiones (dando, por tanto, un falso negativo: en una ocasión de cada 100 el test fallaría), pero ¿qué ocurre si aplicamos el test a un grupo de 100 personas que incluye enfermos y sanos en una proporción indeterminada?].
Siguiendo con las curiosidades (aunque solo indirectamente relacionadas con el tema de esta entrada, existe una conexión) Nassim Nicholas Taleb cuenta una anécdota sobre el uso de muestras y las conclusiones sobre los resultados. En este caso, la muestra corresponde a las células de un paciente (pero sospecho que incluso si todas las células del paciente pudieran ser estudiadas, y no solo un porcentaje, la falacia lógica persistiría):
"En cierta ocasión, me quedé desconcertado cuando un médico me dijo, después de un chequeo rutinario para detectar la posible existencia de un cancer: "Deje de preocuparse, tenemos pruebas de que está curado", "¿Por qué?", pregunté, "Hay pruebas de que no tiene ningún cáncer", fue su respuesta. "¿Cómo lo sabe?", pregunté. El médico contextó: "El escanograma es negativo". ¡Y aún sigue haciéndose llamar médico!" (El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable, p. 105).
[El autor llama a este razonamiento la "falacia del viaje de ida y vuelta", con lo que quiere decir que hay una tendencia a considerar que determinadas afirmaciones aparentemente semejantes son intercambiables cuando en realidad no lo son. Por ejemplo, la falacia consiste en confundir la afirmación "casi todos los terroristas son musulmanes" con la afirmación "casi todos los musulmanes son terroristas". El error lógico afecta a la estimación de la probabilidad, en este caso a la probabilidad de que un musulman sea terrorista.
El ejemplo del médico corresponde a la que en lógica es conocida como "falacia ad ignorantiam"].
-Ver las referencias a este tema en Dehaene (2014) Consciousness and the Brain.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Anotaciones sobre mi artículo "Neuroimágenes y Neurodisciplinas" (Daimon, 2013)
Enlace al artículo: Neuroimágenes y Neurodisciplinas.
Aunque planteado desde una postura patentemente modesta mi objetivo final ha sido fomentar cierto escepticismo frente a la euforia neurocultural.
El esqueleto de mi argumentación sería algo así:
- La euforia neurocultural se sostiene en gran medida sobre estudios basados en el uso de la IRMf en el contexto de la neurociencia cognitiva.
-Este uso puede suscitar cierto escepticismo, debido tanto a sus limitaciones intrínsecas como a una complejidad metodológica que facilita la aparición de errores en distintas fases del proceso.
-Por tanto, en esta medida, las propuestas neuroculturales deben ser tomadas con cautela (cuando no con abierto escepticismo -en determinadas ocasiones).
La conclusión que el texto sugiere es, en realidad, algo más concreta: desde las humanidades y las ciencias sociales debemos "mirar con lupa" todas aquellas propuestas basadas en presuntos hallazgos neurocientíficos obtenidos mediante el uso de la IRMf.
En la misma línea, Roepstorff y Frith en un artículo de 2012 escribian a propósito de la neuroantropología: "The major claim of this special issue [número de marzo de la revista Anthropological Theory] is that neuroimaging can provide a useful tool for the anthropologist. A similar idea was previously espoused by cognitive psychologists who believed, among other things, that brain data would resolve disputes between different accounts of mental processes. This aim has proved very difficult to fulfill. It is notoriously easy to over-interpret brain imaging data and many fave fallen into statistical and logical traps [...] The problem highlighted here is even greater for anthropology than that for psychology since we need to include culture as well as experience and behavior in our studies of the brain" (p. 103).
Uno de los principales motivos para desconfiar de la IRMf es la enorme distancia que hay entre las neuroimágenes y la actividad mental que supuestamente reflejan. Los científicos deben salvar esa distancia construyendo puentes que son precisamente eso: constructos y artefactos.
[Sobre la distancia, hay 4 niveles que deben ser conectados e interpretados correctamente:
1) El alineamiento de los núcleos de hidrógeno
2) La oxigenación (en términos estadísticos) de la sangre
3) La actividad neural
4) La conducta o la tarea psicológica/cognitiva]
Sin embargo, hay que añadir que algunas de las limitaciones de la IRMf pueden ser compensadas mediante el uso convergente de varias técnicas. Esta es una propuesta de la que no me he ocupado en mi artículo, donde he preferido centrarme en la IRMf.
Así:
Logothetis (2008) admite la utilidad de la IRMf si se complementa con otros métodos de investigación.
Roskies (2010) reconoce ciertas limitaciones de la IRMf, pero defiende que se pueden compensar si se integra en lo que llama “triangulación funcional” (p. 640, v., también, p. 657). Esencialmente, la idea es que un determinado estudio no debe tomarse aisladamente, sino como parte de un conjunto de investigaciones utilizando diferentes estrategias. [“Convergence across multiple experiments is the key to epistemic warrant when it comes to attributing function to anatomical regions” (p. 641) –un problema sería si esa convergencia es siempre posible, por ejemplo en relación a los estudios de lesiones-. V., también p. 642, n. 4].
En relación al tipo de enfoque representado en mi artículo por Raine y colaboradores (consideré en ese punto las neuroimágenes desde una perspectiva general, sin distinguir entre resonancia magnética funcional y estructural -en el estudio que menciono se utilizó, de hecho, RM estructural), resulta interesante el caso del neurocientífico (James Fallon) que ha encontrado que las imágenes de su propio cerebro (PET) revelan que es (o debería ser) un psicópata. El siguiente artículo, que reseña el libro donde Fallon relata la historia, ha aparecido hace unos días (22 de noviembre) en Smithsonian.com: The Neuroscientist Who Discovered He Was a Psychopath.
En síntesis, la conclusión de Fallon es que la conducta viene determinada por la combinación de tres factores: patrón cerebral, genética, y experiencia. El hecho de que el cerebro que la imagen revela se ajuste a un determinado patrón no es suficiente para inferir la conducta en cuestión.
La cuestión de la lectura mental-cerebral, que trato de manera muy limitada, circunscrita al contexto del artículo, merece ser proseguida. Una referencia importante que estuve a punto de incluir es el trabajo de Tim Bayne (2012) "How to read minds" (en un magnífico volumen sobre el tema editado por Richmond, Rees y Edwards, que contiene otras contribuciones relevantes).
2) Según Matthew b. Crawford (2008), "The limits of neuro-talks".
the new atlantis (2008), 65-78
aunque no se trata de un artículo especialmente relevante sí puede ser representativo de ciertas actitudes, y en todo caso creo que toca algunos puntos que merecen ser reseñados.
La expresión "neuro-talks" se refiere a lo que aquí he llamado neurodisciplinas, y a lo que en algunos contextos aparece como "neurocultura".
Básicamente, el artículo propone entender el actual neuro-entusiasmo en el contexto del cientifismo, una tendencia cultural predominante cuya lógica se caracteriza por "the overextension of some mode of scientific explanation, or model, to domains in which it has little predictive or explanatory power" (p. 65).
taxonomies of mind
el autor distingue entre el uso de las neuroimágenes para el diagnótico médico del su uso en psicología, que depende de una premisa crucial. la premisa es que los procesos mentales pueden ser analizados en separados y distintos facultades, componentes, o módulos, y que estos módulos son instanciados o localizados en regiones cerebrales (p. 66). en este punto el autor remite a la teoría de la modularidad de fodor.
Pero esta premisa presenta un problema grave: "the dificulty lies in arriving at a specific taxonomy of the mental" (p. 66). efectivamente, no hay un modelo definitivo o incontrovertido de la organización de la mente (este es un problema real), y en ausencia de una taxonomía adecuada es posible que las técnicas de neuroimagen produzcan una modularidad ilusoria, es decir, una organización de la mente que sea provocada por el uso de la propia tecnología ("artefactos").
Esta sección se sustenta sobre la obra de w. uttal -en concreto sobre the new phrenology: the limits of localizing cognitive processes in the brain (2001)-, frecuentemente citada en este tipo de aproximaciones críticas, pero que no está exenta de controversia. una idea central que el autor asume con cierta reserva es que el problema fundamental para la teoría de la mente implicada en la neurociencia cognitiva es que ni las funciones mentales, ni los sistemas físicos que las realizan, se puedan descomponer en módulos independientes. el autor concluye que, dado que el cerebro está complejamente interconectado, es difícil decir una estructura orgánica localizada sea la "causa suficiente" o "el locus exclusivo" de algo como la razón o la emoción (p. 68).
El autor claramente asocia modularidad y localizacionismo, como supuestos de la neurociencia cognitiva, de las neuroimágenes, y de las neurodisciplinas (con respecto a las cuales habla de una "modularidad psicológica ingenua"). la relación entre modularidad y localizacionismo es una cuestión interesante, por ejemplo, fodor -el autor de referencia en cuanto a la modularidad- es también un defensor de la realización múltiple, que, a su vez, puede ser -y ha sido empleado como tal- un argumento antilocalizacionista.
De forma un tanto súbita el autor introduce la diferencia entre lo cognitivo y lo mental al considerar el tratamiento de la mentira en el contexto de las neurodisciplinas: "this is to treat lying as a cognitive process in the narrowerst sense, as opposed to a mental act with inherent ethical content and pragmatic consequences" (p. 68). mientras que el primero se refiere a la concepción sintático-computacional de lo mental, el segundo parece implicar el cuerpo y el mundo ("that feature of an embodied being who has interests and finds himself situated in a world" -p. 68). la cognición corpórea y la tesis de la mente extendida son intentos de precisar estas relaciones entre la mente, el cuerpo y el mundo, que aquí aparecen como una alusión vagamente filosófica (otra aproximación es la de la llamada "neurociencia crítica").
Creo que hay algo de verdad en el problema de determinar el tipo psicológico "mentira". una cuestión de fondo es la distinción -mencionada en mi artículo- entre las situaciones reales y las experimentales, que aquí aparece relacionada con el tema de la taxonomía y con la diferenciación cognitivo/mental.
3) según Gazzaniga (2012), ¿Quién manda aquí? el libre albedrío y la ciencia del cerebro.
Gazzaniga subraya la pérdida de información individual implicada en la elaboración de neuroimágenes
- " [...] lo que los científicos leen en un escáner cerebral es un cálculo probabilístico de la zona donde ocurre la actividad cerebral, en función de las medias de actividad en los cerebros de diversos individuos. [...] no se puede señalar un punto determinado del escáner cerebral y afirmar con una precisión del cien por cien que un determinado pensamiento o conducta proviene de esa zona" (p. 232).
- "[...] las coordenadas de la localización de un área concreta son probabilísticas, con variaciones notables en la localización real según los individuos. a su vez, la localización de un determinado proceso cerebral es también probabilística y poco precisa" (pp. 239-240).
- El autor menciona 5 razones que desaconsejan el uso de la neuroimagen en los tribunales (pp. 241-242):
Aunque planteado desde una postura patentemente modesta mi objetivo final ha sido fomentar cierto escepticismo frente a la euforia neurocultural.
El esqueleto de mi argumentación sería algo así:
- La euforia neurocultural se sostiene en gran medida sobre estudios basados en el uso de la IRMf en el contexto de la neurociencia cognitiva.
-Este uso puede suscitar cierto escepticismo, debido tanto a sus limitaciones intrínsecas como a una complejidad metodológica que facilita la aparición de errores en distintas fases del proceso.
-Por tanto, en esta medida, las propuestas neuroculturales deben ser tomadas con cautela (cuando no con abierto escepticismo -en determinadas ocasiones).
La conclusión que el texto sugiere es, en realidad, algo más concreta: desde las humanidades y las ciencias sociales debemos "mirar con lupa" todas aquellas propuestas basadas en presuntos hallazgos neurocientíficos obtenidos mediante el uso de la IRMf.
En la misma línea, Roepstorff y Frith en un artículo de 2012 escribian a propósito de la neuroantropología: "The major claim of this special issue [número de marzo de la revista Anthropological Theory] is that neuroimaging can provide a useful tool for the anthropologist. A similar idea was previously espoused by cognitive psychologists who believed, among other things, that brain data would resolve disputes between different accounts of mental processes. This aim has proved very difficult to fulfill. It is notoriously easy to over-interpret brain imaging data and many fave fallen into statistical and logical traps [...] The problem highlighted here is even greater for anthropology than that for psychology since we need to include culture as well as experience and behavior in our studies of the brain" (p. 103).
Uno de los principales motivos para desconfiar de la IRMf es la enorme distancia que hay entre las neuroimágenes y la actividad mental que supuestamente reflejan. Los científicos deben salvar esa distancia construyendo puentes que son precisamente eso: constructos y artefactos.
[Sobre la distancia, hay 4 niveles que deben ser conectados e interpretados correctamente:
1) El alineamiento de los núcleos de hidrógeno
2) La oxigenación (en términos estadísticos) de la sangre
3) La actividad neural
4) La conducta o la tarea psicológica/cognitiva]
Sin embargo, hay que añadir que algunas de las limitaciones de la IRMf pueden ser compensadas mediante el uso convergente de varias técnicas. Esta es una propuesta de la que no me he ocupado en mi artículo, donde he preferido centrarme en la IRMf.
Así:
Logothetis (2008) admite la utilidad de la IRMf si se complementa con otros métodos de investigación.
Roskies (2010) reconoce ciertas limitaciones de la IRMf, pero defiende que se pueden compensar si se integra en lo que llama “triangulación funcional” (p. 640, v., también, p. 657). Esencialmente, la idea es que un determinado estudio no debe tomarse aisladamente, sino como parte de un conjunto de investigaciones utilizando diferentes estrategias. [“Convergence across multiple experiments is the key to epistemic warrant when it comes to attributing function to anatomical regions” (p. 641) –un problema sería si esa convergencia es siempre posible, por ejemplo en relación a los estudios de lesiones-. V., también p. 642, n. 4].
En relación al tipo de enfoque representado en mi artículo por Raine y colaboradores (consideré en ese punto las neuroimágenes desde una perspectiva general, sin distinguir entre resonancia magnética funcional y estructural -en el estudio que menciono se utilizó, de hecho, RM estructural), resulta interesante el caso del neurocientífico (James Fallon) que ha encontrado que las imágenes de su propio cerebro (PET) revelan que es (o debería ser) un psicópata. El siguiente artículo, que reseña el libro donde Fallon relata la historia, ha aparecido hace unos días (22 de noviembre) en Smithsonian.com: The Neuroscientist Who Discovered He Was a Psychopath.
En síntesis, la conclusión de Fallon es que la conducta viene determinada por la combinación de tres factores: patrón cerebral, genética, y experiencia. El hecho de que el cerebro que la imagen revela se ajuste a un determinado patrón no es suficiente para inferir la conducta en cuestión.
La cuestión de la lectura mental-cerebral, que trato de manera muy limitada, circunscrita al contexto del artículo, merece ser proseguida. Una referencia importante que estuve a punto de incluir es el trabajo de Tim Bayne (2012) "How to read minds" (en un magnífico volumen sobre el tema editado por Richmond, Rees y Edwards, que contiene otras contribuciones relevantes).
CONFIRMACIÓN Y AMPLIACIÓN DE ALGUNAS LIMITACIONES
1) Según
Carrie Figdor (2010), "Neuroscience and the multiple realization of
cognitive functions".
-una gran parte del procesamiento cognitivo que ocurre a una
velocidad de milisegundos es invisible para las técnicas actuales de
neuroimagen, ya que en realizad no hacen un seguimiento continuo de la
actividad cerebral, sino que llevan a cabo un registro cada varios segundos
(423, n. 7). [según algunos autores este problema podría ser paliado
por el uso conjunto de diversas técnicas].
-la irmf refleja la actividad postsináptica, pero no la
presináptica (432, n. 7).
2) Según Matthew b. Crawford (2008), "The limits of neuro-talks".
the new atlantis (2008), 65-78
aunque no se trata de un artículo especialmente relevante sí puede ser representativo de ciertas actitudes, y en todo caso creo que toca algunos puntos que merecen ser reseñados.
La expresión "neuro-talks" se refiere a lo que aquí he llamado neurodisciplinas, y a lo que en algunos contextos aparece como "neurocultura".
Básicamente, el artículo propone entender el actual neuro-entusiasmo en el contexto del cientifismo, una tendencia cultural predominante cuya lógica se caracteriza por "the overextension of some mode of scientific explanation, or model, to domains in which it has little predictive or explanatory power" (p. 65).
taxonomies of mind
el autor distingue entre el uso de las neuroimágenes para el diagnótico médico del su uso en psicología, que depende de una premisa crucial. la premisa es que los procesos mentales pueden ser analizados en separados y distintos facultades, componentes, o módulos, y que estos módulos son instanciados o localizados en regiones cerebrales (p. 66). en este punto el autor remite a la teoría de la modularidad de fodor.
Pero esta premisa presenta un problema grave: "the dificulty lies in arriving at a specific taxonomy of the mental" (p. 66). efectivamente, no hay un modelo definitivo o incontrovertido de la organización de la mente (este es un problema real), y en ausencia de una taxonomía adecuada es posible que las técnicas de neuroimagen produzcan una modularidad ilusoria, es decir, una organización de la mente que sea provocada por el uso de la propia tecnología ("artefactos").
Esta sección se sustenta sobre la obra de w. uttal -en concreto sobre the new phrenology: the limits of localizing cognitive processes in the brain (2001)-, frecuentemente citada en este tipo de aproximaciones críticas, pero que no está exenta de controversia. una idea central que el autor asume con cierta reserva es que el problema fundamental para la teoría de la mente implicada en la neurociencia cognitiva es que ni las funciones mentales, ni los sistemas físicos que las realizan, se puedan descomponer en módulos independientes. el autor concluye que, dado que el cerebro está complejamente interconectado, es difícil decir una estructura orgánica localizada sea la "causa suficiente" o "el locus exclusivo" de algo como la razón o la emoción (p. 68).
El autor claramente asocia modularidad y localizacionismo, como supuestos de la neurociencia cognitiva, de las neuroimágenes, y de las neurodisciplinas (con respecto a las cuales habla de una "modularidad psicológica ingenua"). la relación entre modularidad y localizacionismo es una cuestión interesante, por ejemplo, fodor -el autor de referencia en cuanto a la modularidad- es también un defensor de la realización múltiple, que, a su vez, puede ser -y ha sido empleado como tal- un argumento antilocalizacionista.
De forma un tanto súbita el autor introduce la diferencia entre lo cognitivo y lo mental al considerar el tratamiento de la mentira en el contexto de las neurodisciplinas: "this is to treat lying as a cognitive process in the narrowerst sense, as opposed to a mental act with inherent ethical content and pragmatic consequences" (p. 68). mientras que el primero se refiere a la concepción sintático-computacional de lo mental, el segundo parece implicar el cuerpo y el mundo ("that feature of an embodied being who has interests and finds himself situated in a world" -p. 68). la cognición corpórea y la tesis de la mente extendida son intentos de precisar estas relaciones entre la mente, el cuerpo y el mundo, que aquí aparecen como una alusión vagamente filosófica (otra aproximación es la de la llamada "neurociencia crítica").
Creo que hay algo de verdad en el problema de determinar el tipo psicológico "mentira". una cuestión de fondo es la distinción -mencionada en mi artículo- entre las situaciones reales y las experimentales, que aquí aparece relacionada con el tema de la taxonomía y con la diferenciación cognitivo/mental.
3) según Gazzaniga (2012), ¿Quién manda aquí? el libre albedrío y la ciencia del cerebro.
Gazzaniga subraya la pérdida de información individual implicada en la elaboración de neuroimágenes
- " [...] lo que los científicos leen en un escáner cerebral es un cálculo probabilístico de la zona donde ocurre la actividad cerebral, en función de las medias de actividad en los cerebros de diversos individuos. [...] no se puede señalar un punto determinado del escáner cerebral y afirmar con una precisión del cien por cien que un determinado pensamiento o conducta proviene de esa zona" (p. 232).
- "[...] las coordenadas de la localización de un área concreta son probabilísticas, con variaciones notables en la localización real según los individuos. a su vez, la localización de un determinado proceso cerebral es también probabilística y poco precisa" (pp. 239-240).
- El autor menciona 5 razones que desaconsejan el uso de la neuroimagen en los tribunales (pp. 241-242):
- COMO TODOS LOS CEREBROS SON DIFERENTES, "RESULTA IMPOSIBLE DETERMINAR SI ES NORMAL O ANORMAL UN PATRÓN DE ACTIVIDAD EN UN INDIVIDUO".
- "LA MENTE, LAS EMOCIONES Y EL MODO EN QUE PENSAMOS CAMBIAN CONSTANTEMENTE, DE MODO QUE LO QUE SE MIDE EN EL CEREBRO CUANDO SE TOMA LA NEUROIMAGEN NO REFLEJA LO QUE SUCEDÍA EN EL MOMENTO DEL ACTO DELICTIVO".
- "LOS CEREBROS SON SENSIBLES A NUMEROSOS FACTORES QUE PUEDEN ALTERAR LA NEUROIMAGEN: LA CAFEÍNA, EL TABACO, EL ALCOHOL, LAS DROGAS, LA FATIGA, EL CICLO MENSTRUAL, LAS ENFERMEDADES CONCOMITANTES, EL ESTADO NUTRICIONAL, ETCÉTIERA".
- "EL RENDIMIENTO NO ES CONSTANTE, PUES VARÍA DE UN DÍA A OTRO LA EFICACIA DE UNA PERSONA EN UNA DETERMINADA TAREA".
- "LAS IMÁGENES DEL CEREBRO SON PREJUICIOSAS, PUESTO QUE UNA IMAGEN INTRODUCE UN SESGO DE CERTEZA CLÍNICA CUANDO EN REALIDAD NO EXISTE DICHA CERTEZA".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)